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Habilidades de Cálculo.

numeritos3Los números, al igual que el lenguaje, surgen como una necesidad del hombre de comunicarse y expresar aspectos relacionadas con el ambiente y sus necesidades de subsistencia: contar, medir y realizar simples operaciones matemáticas, van surgiendo poco a poco como una necesidad.

Se necesitaba contar las frutas recolectadas, los animales cazados, los animales de una manada o las crías de los animales domesticados. Se cuentan los pasos al caminar; la sucesión de pasos crean una línea y con esto se genera la capacidad de medir longitudes, tamaños, alturas, distancias. Para expresar todo esto se necesita de un lenguaje: corporal inicialmente (se cuenta con los dedos, se mide con los brazos, las manos, los pies o dando pasos), que luego evoluciona a un lenguaje verbal y escrito.

Durante muchos años ha sido difícil para los científicos definir en qué parte de nuestro cerebro tienen lugar las operaciones de cálculo.

Se llegó a la conclusión de que la mayoría de las operaciones numéricas tenían lugar en el hemisferio izquierdo que se encarga de realizar cálculos exactos como la multiplicación además del reconocimiento numérico.

A partir del hallazgo clínico de pacientes con lesiones cerebrales del hemisferio izquierdo que no pueden leer números ni hacer operaciones como multiplicaciones, pero son capaces de reconocer símbolos numéricos y pueden hacer estimaciones aproximadas del número de elementos en un grupo o conjunto, lo que refleja  que también se involucra en esta habilidad el hemisferio derecho.

cerebro hmisferios[1]

 

 

Investigaciones recientes demuestran que la capacidad de los seres humanos de realizar operaciones matemáticas depende de una propiedad innata del cerebro.

En los humanos adultos sobre esta capacidad se le añaden las interacciones sociales producto de la evolución cultural. Esta última permite realizar operaciones complejas que superan a aquellas provistas por la evolución biológica.

Las habilidades numéricas son consideradas como una de las habilidades instrumentales más importantes en las sociedades de consumo (comprar, vender, utilización del dinero).

Como toda habilidad es importante ejercitarla mediante ejercicios que simulen actividades reales, aplicables a la vida cotidiana.

Está demostrado mediante estudios funcionales de pacientes con alta capacidad de calculo, que en estas personas se observa un aumento notable del flujo sanguíneo cerebral en áreas relacionadas con el procesamiento matemático, lo cual implica que se puede modular la actividad del cerebro con la práctica diaria.

Esto evita accidentes vasculares, optimiza funciones y favorece procesos como los de atención y la concentración así como, mejora el rendimiento en la solución de problemas de la vida diaria como en actividades de compra, venta y utilización el dinero.

Todo confirma la máxima griega: mente sana en cuerpo sano y para ello la práctica de actividades físicas, artísticas e intelectuales son fundamentales.

 

Pánico y Agorafobia: Resumen de Tratamiento.

miedoAgorafobia: Según el DSM IV se define como el miedo a estar en lugares o situaciones de los cuales pueda ser difícil o embarazoso escapar o en los cuales pueda no disponerse de ayuda  en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares a los del pánico (mareo, caída, despersonalización, desrealización, pérdida de control de esfínteres, vómito, molestias cardíacas). Como consecuencia de este miedo, la persona evita situaciones temidas, las soporta con gran ansiedad o necesita ser acompañada.

En estos cuadros se identifican varios componentes:

Evitación a las situaciones temidas (tanto a las típicas agorafóbicas como a las que producen sensaciones temidas), conductas defensivas durante las mismas, miedo a dichas situaciones (ansiedad fóbica), ansiedad anticipatoria (preocupación por tener un ataque de pánico o una fuerte ansiedad, expectativa o anticipación de que ocurrirá un ataque de pánico o una fuerte ansiedad), miedo al miedo (miedo a las reacciones somáticas asociadas con la ansiedad, cogniciones catastróficas), ataques de pánico o síntomas similares a los del pánico (mareo, vómito, molestias cardíacas, pérdida de control de esfínteres, despersonalización, desrealización) e interferencia o deterioro producido por el trastorno.

agoraEjemplos de situaciones temidas y evitadas en la agorafobia son cines y teatros, supermercados, clases, grandes almacenes, restaurantes, museos, ascensores, auditorios o estadios, etc. Asimismo además de las situaciones agorafóbicas típicas existen otras que pueden estar asociadas con el pánico y la ansiedad, ya sea por constituir experiencias previas o por las sensaciones temidas que producen. Ejemplo de estas serían tomar baños calientes o saunas, acudir a clases de gimnasia, hacer ejercicio intenso, permanecer en ambientes calurosos y cargados, montar en las atracciones movidas de feria, ver películas dramáticas o de terror, ver espectáculos deportivos emocionantes, tener relaciones sexuales, participar en discusiones, enfadarse, etc. Mientras que los agorafóbicos moderados y graves evitan ambos tipos de situaciones, los pacientes con trastorno de pánico con agorafobia leve o sin agorafobia tienden a evitar este segundo tipo de situaciones.

Se manifiestan por una crisis de angustia que aparece rápidamente, de manera súbita. Acompañada de un perfil somático (taquicardias, sudoración, parestesias, desrealizaciones: ven al mundo como un espejo), despersonalizaciones (se ven a ellos mismos desde el exterior), miedo d perder el control.

Ataques inesperados = Trastornos de Ansiedad, Trastorno de Angustia

Ataques predispuestos situacionalmente = Agorafobia

Pueden darse casos de agorafobia sin ataques de angustia, pueden tener algún síntoma aislado sin llegar a experimentar la crisis como tal.

En estos casos se presenta una especie de miedo al miedo: 1. miedo a percibir alteraciones somáticas 2. Miedo a que lo anterior pueda concluir a situaciones catastróficas. Asimismo estos pacientes desarrollan conductas defensivas como hiperventilaciones, estereotipias, conductas que proporcionan seguridad (llevar siempre ansiolíticos consigo, caminar cerca de las paredes, visualizar las salidas de emergencia, llevar amuletos, frecuentar solo por zonas iluminadas)

 Modelo Cognitivo de ataque de pánico:

Estímulo provocador (interno o externo)

+

 Amenaza percibida

Interpretación catastrofista                               Aprehensión Preocupación

Sensaciones corporales

Se habla de un trastorno reverberante porque se retroalimenta y funciona de manera cíclica.

Evaluación:

Cuestionario de miedos

Inventario de agorafobia

Trastorno de pánico. Diario del paciente

Inventario de movilidad para la agorafobia

1. Módulo psicoeducativo

– Conceptualización: Explicar las relaciones entre lo cognitivo, lo emocional y el comportamiento. (Primero con distanciamiento, después con sus propios registros)

El Autorregistro es una forma de autobservación de las cogniciones.

Síntomas Físicos: Molestias corporales relacionadas con el control postural

Síntomas conductuales: Reducción de la actividad, retardo psicomotor y agitación psicomotora.

– Entrenamiento en habilidades de relajación:

Respiración diafragmática lenta

Relajación progresiva de Jacobson

Relajación resumida

Relajación breve

Relajación diferencial (relajación activa)

Modelado: Control de la postura y el gesto en el afrontamiento del estímulo o la situación temida. Se basa en estar atento de la distensión y la corrección de la postura

Estas habilidades ayudan a afrontar mejor las situaciones al paciente, sus beneficios son: Sensación de calma y bienestar, mejora del nivel de rendimiento, mejorar la calidad del sueño. Se sugiere la práctica incidental de cada una de estas técnicas, es una forma más rápida de aprenderla y aplicarla. Se sugieren en determinadas situaciones de la vida diaria (esperar la guagua, mientras está en cola)

2. Técnicas Cognitivas:

– Reestructuración cognitiva: pensamiento automático con distanciamiento. Nunca se debe abordar el problema de manera directa, la estrategia para reestructurar defensas se hará distanciando y luego centrando.

– Sobreestimación (pensamientos absolutos) Es importante demostrarle al paciente como una probabilidad su sobreestimación de la realidad teniendo en cuenta los datos reales, sin imponerle nada.

 – Pensamiento catastrófico (“y si”) debemos hacer una desdramatización del suceso catastrófico (“y si se desmaya… ¿qué pasaría? ¿Dónde está lo catastrófico de esa situación? ) Resulta muy efectivo cuando se trata el miedo al ridículo: se distancia la situación y muchas veces se cuestiona ¿usted se reiría de alguna persona que pasa por esa situación?

 – Generación de pensamientos alternativos, la incorporación de pensamientos.

3. Exposiciones interoceptivas: Se emplean situaciones donde el paciente experimente las mismas sensaciones somáticas. Mareos = girar sobre sí mismo, girar la cabeza, taquicardias = dar saltos, bajar y subir escaleras, sensación de irrealidad = mirar fijamente a una lámina de rayas. (Efecto óptico)

4. Exposición en el ambiente natural:

Esclarecer una jerarquía de actividades diarias.

Ensayo de las actividades en sesión clínica

Entrenamiento en auto-instrucciones de afrontamiento. El afrontamiento consta de 4 partes: 1. Preparación: antes de someter al sujeto al estímulo 2. Confrontación: se propicia una activación emocional justamente cuando se somete al estímulo. 3. Afrontamiento: Se asume dentro del proceso. 4 reforzamiento positivo al finalizar la exposición.

Mecanismos de intención paradójica: Se le da la tarea paradójica (desmayarse o mejor simular el desmayo) Generalmente no suelen cumplirlas y provocan el control de la conducta. Generando distracción del foco del problema proponiéndole una tarea relacionada con la conducta del problema y genera autocontrol. No se recomiendan conductas que distraigan porque significan conductas defensivas y no son favorables.

Intentar eliminar señales de seguridad (rezar, rituales, distracciones)

Se recomienda la autoexposición en vivo pues la exposición en vivo es más rápida pero muy intensa para el paciente.

Búsqueda intencionada del ataque de pánico: Someter al individuo a la situación amenazante para generar el ataque de pánico.

5. Planificación, proyecto de vida y prevención de recaídas.

Para algunos pacientes su problema supone un antes y un después por lo que  debemos ayudarles a establecer proyectos y metas en la vida, subrayando lo importante que esto resulta para sentirse bien consigo mismo, es decir, para conseguir autorrealizarse. Para ello, seguiremos una serie de pasos:

Seleccionar las metas. La pregunta que el paciente debe contestar es “¿qué cosas me gustaría conseguir a lo largo de los próximos cinco años?”. Para ayudarle a responder, podemos dividir las metas en categorías: personales-familiares, académico-profesionales, casa-hogar y tiempo libre. El paciente confeccionará una lista en la que deben ser incluidos el máximo número de posibilidades (Brainstorming) aunque a priori sean poco realistas, para luego desechar las más improductivas, irrealistas y frustrantes, con ayuda del terapeuta. Una vez hecho esto, se le ayudará a conseguir que las metas sean lo más claras y específicas posibles y a ordenarlas en función de la importancia que se le otorgue.

Elaborar objetivos y actividades para cada meta.

Contratos de práctica continuada con el fin de que el paciente mantenga y aumente la mejora de los resultados. Firmados por el paciente y el terapeuta.

Evaluar regularmente el éxito de lo aprendido mediante autoregistros y formularios para ser recibidos por el terapeuta cada 2 ó 4 semanas. El terapeuta se podrá en contacto y reforzará si es preciso.

Tratamiento Farmacológico:

Es importante la combinación de antidepresivos y terapia cognitivo-conductual pues provocan potentes resultados a largo plazo.

A largo plazo esta combinación sería lo mismo que aplicar solamente la terapia cognitivo-conductual.

No es efectiva la combinación de las benzodiazepinas y ansiolíticos en la terapia cognitivo-conductual.

 

No te rindas nunca!!!

Resiliencia y Crecimiento Postraumático.

Desde el positivismo se abordan fenómenos como la resiliencia y el crecimiento postraumático. Partiendo de que el ser humano es activo y fuerte, con la capacidad natural de resistir y rehacerse a pesar de las adversidades.

El término resiliencia, del inglés resilience, es un fenómeno ampliamente observado pero al que tradicionalmente se le ha prestado poca atención, el cual incluye dos aspectos relevantes: resistir el suceso y rehacerse del mismo (Bonanno, Wortman et al, 2002).

Ante un suceso traumático, las personas resilientes consiguen mantener un equilibrio sin que afecte a su rendimiento y a su vida cotidiana. A diferencia de aquellos que atraviesan un período de disfuncionalidad antes de recuperarse de manera natural, los individuos resilientes no pasan por este período, sino que permanecen en niveles funcionales a pesar de la experiencia traumática.

Durante mucho tiempo las respuestas de resiliencia han sido consideradas como inusuales e incluso patológicas, la literatura científica actual demuestra de forma contundente que la resiliencia es un fenómeno común entre personas que se enfrentan a experiencias adversas y que surge de funciones y procesos adaptativos normales del ser humano (Masten, 2001).

Durante las situaciones extremas es cuando el ser humano tiene la oportunidad de volver a construir su forma de entender el mundo y su sistema de valores, tiene la oportunidad de replantear su concepción del mundo y de modificar sus creencias, de manera que en esta reconstrucción puede darse, y de hecho se da en muchos casos, un aprendizaje y un crecimiento personal (Janoff-Bulman, 1992).

Esto queda demostrado por el testimonio de muchos individuoss que, a pesar de haber vivido una situación traumática, han conseguido afrontarla y seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso, en un nivel superior, como si el trauma vivido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados.

– Bonanno, G.A., Wortman, et al. (2002). Resilience to loss and chronic grief: A prospective study from preloss to 18 months post-loss. Journal of Personality and Social Psychology, 83, 1150-1164.

– Janoff-Bulman, R. (1992). Shattered Assumptions. New York: The Free Press.

– Masten, A.S. (2001). Ordinary Magic: Resilience processes in development. American Psychologist, 56, 227-238.

Directrices de intervención en trastornos de comportamiento.

Trastornos del comportamiento. Propuestas actuales de intervención.

INFOCOPONLINE.  Fecha de publicación 22/11/2012

Autoras: Inmaculada Moreno García y Susana Meneres Sancho Universidad de Sevilla

Desde hace años se observa un creciente interés científico paralelo a la preocupación educativa y social por los trastornos del comportamiento, reconocidos como una de las quejas habituales planteadas en atención primaria y el principal motivo de derivación a servicios especializados de salud mental. La problemática generada por los niños y adolescentes que presentan dificultades atencionales, problemas de inhibición motora y muestran comportamientos disruptivos en clase, hostilidad y desafío hacia padres y profesores, violencia y agresividad es ampliamente conocida. No obstante, en las últimas décadas se ha detectado un incremento notable de nuevos casos al tiempo que han surgido demandas de actuación eficaces, que proporcionen respuesta satisfactoria a la complejidad que caracteriza estos problemas y a sus repercusiones adversas.

Las intervenciones actuales en los trastornos del comportamiento varían según la naturaleza del tratamiento administrado y el contexto de aplicación de las mismas. Su acción clínica y terapéutica es explorada no sólo en términos de eficacia, también de efectividad y eficiencia. Se diferencian dos tipos de actuaciones (DuPaul y Weyandt, 2009): a) Intervenciones farmacológicas, opción administrada con frecuencia en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad y menos frecuente en Trastorno Negativista Desafiante (TND) y Trastorno Disocial (TD) e b) Intervenciones no farmacológicas.

De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA) y Asociación Americana de Pediatría (AAP), que periódicamente publican y actualizan los tratamientos que cuentan con apoyo empírico para los distintos trastornos diagnosticados en la infancia y adolescencia, entre las intervenciones no farmacológicas, la terapia de conducta es el tratamiento más eficaz, tanto respecto al TDAH como en relación al TND y TD (Eyberg, Nelson y Boggs, 2008). Su fundamentación científica se extiende a distintos formatos de aplicación y destinatarios. En cuanto al TND y TD se considera probablemente eficaz el Entrenamiento en Control de la Ira, además de los programas/protocolos estandarizados para el Entrenamiento Conductual de Padres junto con la Terapia Multisistémica. A estas alternativas se añade el Neurofeeback, objeto de investigación creciente en la actualidad y considerado hasta la fecha tratamiento probablemente eficaz para el TDAH (Lofthouse, Arnold, Hersch, Hurt y DeBeus, 2011).

La publicación y periódica actualización de listados sobre tratamientos que cuentan con evidencia científica no encubre la situación actual en este ámbito, caracterizada por proliferación de publicaciones científicas que muestran diversidad de hallazgos científicos y propuestas terapéuticas. El reto actual parece encontrarse en la implementación de los tratamientos recomendados. Dos son las cuestiones esenciales: a) toma de decisión respecto a la idoneidad del tratamiento recomendado en cada caso que lo requiere y acude a consulta y b) dificultades para trasladar a la práctica clínica las recomendaciones e intervenciones apoyadas en evidencias científicas.

Para dar respuesta a esta situación en las últimas décadas se han generado y publicado distintos documentos de consenso y guías de práctica clínica e intervención educativa que avalan las evidencias científicas respecto a la terapia conducta como tratamiento idóneo para los trastornos del comportamiento, con especial recomendación hacia los Programas de Entrenamiento a Padres y al Neurofeedback. Estos programas, especialmente indicados para el TND, permiten el entrenamiento a los progenitores para manejar los problemas de conducta de sus hijos y modificar las interacciones alteradas padres-hijos, especialmente aquellas relacionadas con la disciplina.

En relación al TDAH una de las cuestiones más controvertidas en la práctica clínica se refiere a la prescripción terapéutica según edad del niño y severidad del trastorno diagnosticado. La guía NICE (2008) precisa que:

  • Respecto a menores de 5 años (preescolares) la opción recomendada consiste en derivar a los padres a programas de entrenamiento/educación parental. No está recomendado tratamiento farmacológico en estos casos.
  • Cuando se trata de pacientes en edad escolar y adolescentes en los que el trastorno está originando deterioro moderado se recomienda derivar a los padres a programas de entrenamiento y considerar, según el caso, terapia cognitivo-conductual y/o entrenamiento en habilidades sociales para el niño. En estas edades el tratamiento farmacológico debiera limitarse, según las recomendaciones de esta influyente guía, a los casos que han rechazado intervenciones psicológicas o aquellos que, tras recibir tratamiento psicológico, no han obtenido los resultados esperados.
  • Si los pacientes son menores en edad escolar y adolescentes con TDAH severo, el tratamiento de primera opción debería incluir terapia farmacológica, prescrita por un profesional con experiencia en TDAH, en el marco de un programa multimodal que incluya intervenciones conductuales y escolares.

En todo caso el debate actual centrado en la toma de decisión previa al tratamiento y su aplicabilidad mantiene varios ejes destacados que aluden a dos cuestiones de interés: a) Profesionales implicados en las intervenciones y d) Servicios asistenciales y educativos involucrados.

La aplicación de los tratamientos recomendados en los trastornos del comportamiento no está exenta de limitaciones referidas, en especial, al uso restringido de las Guías de Práctica Clínica que incluyen indicaciones terapéuticas y clínicas basadas en hallazgos científicos.

Se observan asimismo, dificultades para coordinar e implementar los protocolos de intervención multidisciplinares y obstáculos relacionados con la continuidad y adherencia de los tratamientos recomendados. Son cuestiones críticas también las necesidades de formación de los profesionales implicados, los costes terapéuticos implícitos y los requerimientos de apoyo psicológico y asesoramiento a padres, familiares y educadores.

El artículo completo se puede encontrar en la revista Apuntes de Psicología:

Moreno García, I. y Meneres Sancho, S. (2011) “Tratamiento de los trastornos del comportamiento. Revisión de las propuestas actuales”. Apuntes de Psicología, 29 (2), pp: 183-203.

Referencias:

DuPaul, G. y Weyandt, L. L. (2009). “Behavioral interventions with externalizing disorders”. En A. Akin-Little, S. Little, M. Bray y T. Kehle (Eds.) Behavioral interventions in schools: Evidence-based positive strategies. New York. American Psychological Association.

Eyberg, S. M., Nelson, M. M., y Boggs, S. R. (2008). “Evidence-based psychosocial treatments for child and adolescent with disruptive behavior”. Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, 37, pp: 215-237.

Lofthouse, N., Arnold, E., Hersch, S., Hurt, E. y DeBeus, R. (2011). “A review of neurofeedback treatment for pediatric ADHD”. Journal of Attention Disorders, XX (X), pp: 1-22. 

Reconociendo la demencia.

Alzheimer.

Es considerada el tipo más frecuente de demencia entre las personas mayores, afectando las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje, provoca una degeneración progresiva de las neuronas que trae como consecuencia grandes dificultades en múltiples funciones cognitivas. Con inicio insidioso y de progresión gradual, provocado por depósitos anormales o placas de amiloide y acumulación de estructuras fibrilares entrelazadas u ovillos neurofibrilares. La presencia de estas placas y ovillos en el cerebro se considera el sello característico de la enfermedad.

Su etiología es desconocida aunque, estudios publicados por Linda Searing en la revista electrónica Medline Plus destacan la identificación de nueve genes que podrían hacer a las personas más propensas a desarrollar el Alzheimer. Además, confirmaron informes anteriores de que una variación del gen receptor de la vitamina D3, en el cromosoma 12, podría también aumentar el riesgo de Alzheimer y la existencia de bajos niveles de vitamina D en las personas que sufren esta enfermedad así como otras demencias. “El hallazgo sobre el receptor de la vitamina D3 en el cromosoma 12 es realmente emocionante, porque implica una potencial vía biológica que ha sido de interés en los trastornos neurológicos”, afirmó en un comunicado de prensa de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami el investigador Jonathan L. Haines, del Centro médico de la Universidad de Vanderbilt. Los investigadores del Instituto de genómica humana Miami de la universidad colaboraron en el estudio con colegas del Centro de investigación de genética humana de la Vanderbilt.

La identificación de nuevos genes del Alzheimer podría llevar a una mejor comprensión de las causas de la enfermedad, que es el tipo de demencia más común entre las personas mayores. Actualmente, Los médicos y los científicos no tienen claro qué inicia esta irreversible y progresiva enfermedad cerebral.

El envejecimiento es, y con mucho, el mayor factor de riesgo, aunque es necesario aclarar que no es parte del proceso natural de envejecimiento. Solo el 10% de la población menor de 65 años tiene probabilidades de padecerla, considerando el hecho como una aparición precoz que afecta las áreas de asociación somato-sensorial. Para las personas de más de 65 años las probabilidades de padecer la enfermedad empiezan a ser más preocupantes.

Se calcula que lo padecen:

  • Un 1 por 100 de personas de 65 años.
  • Un 2 por 100 de personas de 68 años.
  • Un  3 por 100 de personas de 70 años.
  • Un 6 por 100 de personas de 73 años.
  • Un 9 por 100 de personas de 75 años.
  • Un 13 por 100 de personas de 77 años.

En la población mayor de 85 años (aparición tardía), la prevalencia aumenta hasta el 50%, afectando a la memoria y funciones límbicas. Con mayor incidencia en mujeres.

Su curso tiene una duración media de entre 8 y 10 años, siendo dependiente de factores como la edad, genética, TCE, nivel cultural (reserva cognitiva), riesgo vascular, tratamientos antinflamatorios, etc. Estos, a su vez, funcionan como factores de riesgo para padecer la enfermedad.

Se observan diversos patrones de déficit, pero el trastorno se inicia generalmente con dificultades de memoria reciente que van seguidos de afasia, apraxia y agnosia al cabo de varios años. Los déficits de la función ejecutiva se observan también en fases tempranas del curso de la enfermedad. Algunos pacientes pueden presentar trastornos de personalidad con una visible irritabilidad. Ya en las fases medias y avanzadas son frecuentes síntomas psicóticos, así como incontinencia, alteraciones de la marcha o trastornos motores que pueden terminar con pérdida del habla y encamados.

No es una enfermedad de fácil diagnóstico, debido a que el diagnóstico clínico de la misma se corresponde con un diagnóstico anátomopatológico en un 70 o 90 % de los casos. En un primer momento, éste se hace por eliminación, realizando múltiples pruebas. Existen diferentes criterios para establecer el diagnóstico de la demencia tipo Alzheimer.

Los más utilizados son los criterios incluidos en el DSM-IV para las demencias; y los del National Institute of Neurological and Communicative Disorders and the Alzheimer`s Disease and Related Disorders Association (NINCDS-ADRDA):

  • Demencia tipo Alzheimer Probable:

A. Criterio clínico de Demencia tipo Alzheimer probable si se encuentra establecida por examen clínico y documentada mediante el test mini-mental o similares, y confirmado por pruebas neuropsicológicas; se detectan déficits en dos o más áreas cognitivas; hay empeoramiento progresivo de memoria y otras funciones cognitivas;  ausencia de alteraciones de consciencia; se inicia entre los 30 y 40 años; y ausencia de alteraciones sistémicas u otras enfermedades cerebrales, que por ellas mismas podrían explicar los déficits en memoria y cognición.

B. El diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer probable es apoyado por deterioro progresivo de funciones cognitivas específicas, como el lenguaje (afasia), habilidades motoras (apraxia),  y percepción (agnosia); deterioro de actividades de la vida cotidiana y patrones alterados de conducta; historia familiar de alteraciones similares, en especial si están confirmadas neuropsicológicamente; resultados de laboratorio.

C. Otras características clínicas consistentes consistentes con el diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer probable, tras la exclusión de otras causas de demencia son síntomas acusados de depresión, insomnio,  incontinencia, delusiones, ilusiones, alucinaciones, arrebatos catastróficos verbales, emocionales o físicos, alteraciones sexuales,  pérdida de peso; ataques epilépticos en estadios avanzados; TC anormal para la edad.

D. Rasgos que hacen improbable el diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer  son el inicio repentino; signos neurológicos focales en un curso no avanzado como hemiparesia o pérdida sensorial; y ataques epilépticos, accidentes vasculares cerebrales o alteraciones de la marcha al inicio de la enfermedad.

  • Demencia tipo Alzheimer Posible:

A. A partir de un síndrome de demencia en ausencia de otras alteraciones neurológicas, psiquiátricas o sistémicas suficientes para causarlo y en presencia de variaciones en el inicio, presentación y curso.

B. En presencia de otra alteración cerebral o sistémica suficiente para causar demencia, pero que no es  considerada la causa.

C. Cuando se identifica un déficit cognitivo severo, gradualmente progresivo, sin causa conocida.

  • Demencia tipo Alzheimer Definitivo:

A. Satisfechos los criterios clínicos para Demencia tipo Alzheimer Probable.

B. Evidencia histopatológica obtenida por biopsia o autopsia.

En su examen clínico, se evalúan las áreas de orientación (personal, espacial y temporal), atención, memoria, lenguaje, praxias, gnosias, funciones visoperceptivas y visoespaciales,  funciones frontales, emociones y comportamiento.

Según topografía cerebral, encontramos las siguientes alteraciones neuropsicológicas: parietal derecho (desorientación espacial, apraxia del vestirse, apraxia constructiva, y déficit de razonamiento viso-espacial); parietal izquierdo (desorientación derecha-izquierda, apraxia ideomotriz e ideatoria, agrafia, acalculia, y déficit de razonamiento abstracto-verbal); temporal derecho (desintegración perceptiva); temporal izquierdo (anomia, dificultades de comprensión, acalculia, y disgramatismo); Frontal (baja fluencia, dificultades de cálculo mental, cambios en la conducta social y adinamia); Sistema Límbico (alteraciones de memoria reciente, cambios emocionales y de humor y rasgos psicóticos, como delusiones, paranoia, alucinaciones, etc.)

Presenta alteraciones conductuales, tales como agresión, deambulación, alimentación, incontinencia urinaria, desinhibición social, etc. La evolución de la sintomatología, medida con la prueba Mini Mental State Examen (MMSE), se resume de la siguiente forma:

  • Demencia leve (Puntuación MMSE 26-20): Niega la enfermedad; fracaso social no doméstico; autónomo con vigilancia; desorientación espacial en lugares poco comunes; dificultades de memoria (aprendizaje); anomia en el lenguaje; praxia constructiva; personalidad conservada; tristeza; y examen motor normal.
  • Demencia moderada (Puntuación MMSE 19-10): Fracaso social doméstico; dependencia funcional, supervisión; desorientación temporal y espacial; dificultades de memoria (episódica y semántica); afasia fluida en el lenguaje; Praxia constructiva, en el vestirse, etc.; prosopagnosia; personalidad aparentemente deteriorada; apatía; ilusiones y alucinaciones; se aprecian signos de rigidez y parkinsonianos en el examen motor.
  • Demencia grave (Puntuación MMSE 10-0): Supervisión total y continua; desorientación temporal y espacial; sólo recuerda nombres de familiares; lenguaje monosilábico (mutismo); deterioro grave de praxias y gnosias; alteraciones psiquiátricas y conductuales graves y frecuentes; rigidez y ataxia (encamado) en el examen motor.

Cuando sonríes, el mundo sonríe contigo.

When you are Smiling…

 

 

 

Faramacoterapia de la Hiperactividad con Déficit de Atención en el Menor.

 

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (ADHD, siglas en inglés) se caracteriza por falta de atención, hiperactividad e impulsividad. Es el trastorno del comportamiento que más se diagnostica en la infancia y se calcula que afecta de un 3% a un 5% de los niños en edad escolar.

Aunque generalmente el ADHD se diagnostica durante la infancia, no es un trastorno que afecte sólo a los niños-muchas veces se prolonga hasta la adolescencia y a etapas posteriores y frecuentemente no se diagnostica hasta muchos años después.

Existen tres tipos de ADHD, cada uno con síntomas diferentes: en el que predomina la inatención; cuando predomina el aspecto hiperactivo-impulsivo y cuando se produce una combinación de los anteriores.

El fármaco de primera elección para este tipo trastorno en menores es el Metilfenidato (Rubifen®), psicoestimulante de probada efectividad en pruebas robustas en niños entre 6-17 años. Tres de cuatro niños tratados reducen notablemente su impulsividad, mejoran en las actividades escolares, atención, memoria a corto plazo, aumento de obediencia y cumplimiento de tareas (placebo sólo el 18%). El tratamiento reduce en un 85% el mayor riesgo de abuso de sustancias psicotrópicas existente en los niños con hiperactividad. En sujetos mayores de edad, su administración aumenta el riesgo de adicción.

Las reacciones adversas posibles son:

a)    Insomnio inicial (especialmente cuando se administra a últimas horas de la tarde)

b)   Cefaleas

c)    Pérdida de apetito

d)   Nerviosismo

e)    Molestias gastrointestinales (náuseas, vómitos, dolor abdominal)

f)     En algunos sujetos aparece comportamiento compulsivo con brotes de agresión

g)    Rara vez aparecen reacciones psicóticas o retraso en el crecimiento

h)   En algunos casos se pueden incrementar o precipitar tics

i)     Hipersensibilidad auditiva…

Si se presenta alguna o varias de las reacciones adversas con intensidad moderada, se reajusta a la baja la dosis.  Si estos efectos son intensos o aparecen síntomas psicóticos, retirada del tratamiento. También si se enlentece el crecimiento de forma clara.

Los fármacos de segunda elección son los antidepresivos tricíclicos o bupropión. Este tipo de fármacos sólo tienen eficacia limitada sobre la hiperactividad y no sobre el déficit de atención.

 

Evaluación psicológica.

La profesión de psicólogo es ciertamente compleja, pues tiene como objetivo el entender y predecir la conducta humana en los distintos escenarios en los que se desarrolla, que son muchos y variados. La acción humana no se deja apresar fácilmente, no es lineal y directa, más bien tiende a ser retorcida e indirecta, no iba descaminado Kant cuando decía que nada estrictamente recto puede hacerse del retorcido tronco del que están hechos los humanos. Para tratar de alcanzar ese noble objetivo de entender a los humanos, los psicólogos utilizan aquellos procederes y métodos que mejor cuadran al objeto de estudio y más se ajustan al contexto en el que se dan las conductas a estudiar. Puesto que hay muchos tipos de conducta y no son menos numerosos los contextos en los que se dan, los psicólogos se ven obligados a manejar técnicas y métodos variados, todos ellos legítimos, siempre y cuando los resultados obtenidos sean capaces de superar una rigurosa comprobación empírica, lo cual no es negociable.

La actividad más realizada por los psicólogos profesionales es, sin duda alguna, la evaluación psicológica. Al punto que cabría afirmar la imposibilidad de ejercer la psicología sin llevar a cabo esta necesaria tarea. En cualquier ámbito de intervención es necesario evaluar previamente, e incluso en algunos, constituye la principal actividad que realiza un psicólogo.

Rocío Fernández-Ballesteros (2004) define la evaluación psicológica como “una disciplina de la psicología científica que se ocupa de la exploración y análisis del comportamiento de un sujeto humano con distintos objetivos: descripción, diagnóstico, selección/predicción, explicación, cambio y/o valoración de los tratamientos o intervenciones aplicadas.”

La evaluación implica un proceso de solución de problemas y toma de decisiones que comienza con una demanda de un cliente y/o sujeto a un psicólogo. Este proceso está compuesto por una serie de actividades científicas y profesionales secuenciadas, que pueden variar en función del fin que se persigue. Esto determina el método psicodiagnóstico a emplear y las fases que lo integran.

  • El método Correlacional incluye 4 fases; diagnosticar, orientar, seleccionar o proponer tratamiento. La psicología correlacional, tiene como objetivo evaluar atributos para encontrar diferencias individuales y clasificar a los sujetos, ya sea en funciones cognitivas como de personalidad. El método correlacional puede ser aplicable en las situaciones en que se busca establecer relaciones entre los hechos y cuando se pretende hacer generalizaciones o predicciones.
  • El método Experimental, además de las anteriores, se suman la de establecer hipótesis funcionales, tratamiento, valoración del tratamiento, informe de los resultados y seguimiento. El método experimental procede del enfoque galiléico y su metodología de trabajo se caracteriza por ser hipotético-deductiva. Surge a  partir del interés de la psicología por conocer la relación causal entre determinadas variables.

Las diferencias entre el método correlacional y el experimental definieron las disciplinas metodológicas de mayor tradición. Constituyen aproximaciones distintas con sus propias ventajas y limitaciones. Un método puede cederle prioridad a otro cuando cambia el tipo de problema.

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Agorafobia Parte 1

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