Envejecimiento

Habilidades de Cálculo.

numeritos3Los números, al igual que el lenguaje, surgen como una necesidad del hombre de comunicarse y expresar aspectos relacionadas con el ambiente y sus necesidades de subsistencia: contar, medir y realizar simples operaciones matemáticas, van surgiendo poco a poco como una necesidad.

Se necesitaba contar las frutas recolectadas, los animales cazados, los animales de una manada o las crías de los animales domesticados. Se cuentan los pasos al caminar; la sucesión de pasos crean una línea y con esto se genera la capacidad de medir longitudes, tamaños, alturas, distancias. Para expresar todo esto se necesita de un lenguaje: corporal inicialmente (se cuenta con los dedos, se mide con los brazos, las manos, los pies o dando pasos), que luego evoluciona a un lenguaje verbal y escrito.

Durante muchos años ha sido difícil para los científicos definir en qué parte de nuestro cerebro tienen lugar las operaciones de cálculo.

Se llegó a la conclusión de que la mayoría de las operaciones numéricas tenían lugar en el hemisferio izquierdo que se encarga de realizar cálculos exactos como la multiplicación además del reconocimiento numérico.

A partir del hallazgo clínico de pacientes con lesiones cerebrales del hemisferio izquierdo que no pueden leer números ni hacer operaciones como multiplicaciones, pero son capaces de reconocer símbolos numéricos y pueden hacer estimaciones aproximadas del número de elementos en un grupo o conjunto, lo que refleja  que también se involucra en esta habilidad el hemisferio derecho.

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Investigaciones recientes demuestran que la capacidad de los seres humanos de realizar operaciones matemáticas depende de una propiedad innata del cerebro.

En los humanos adultos sobre esta capacidad se le añaden las interacciones sociales producto de la evolución cultural. Esta última permite realizar operaciones complejas que superan a aquellas provistas por la evolución biológica.

Las habilidades numéricas son consideradas como una de las habilidades instrumentales más importantes en las sociedades de consumo (comprar, vender, utilización del dinero).

Como toda habilidad es importante ejercitarla mediante ejercicios que simulen actividades reales, aplicables a la vida cotidiana.

Está demostrado mediante estudios funcionales de pacientes con alta capacidad de calculo, que en estas personas se observa un aumento notable del flujo sanguíneo cerebral en áreas relacionadas con el procesamiento matemático, lo cual implica que se puede modular la actividad del cerebro con la práctica diaria.

Esto evita accidentes vasculares, optimiza funciones y favorece procesos como los de atención y la concentración así como, mejora el rendimiento en la solución de problemas de la vida diaria como en actividades de compra, venta y utilización el dinero.

Todo confirma la máxima griega: mente sana en cuerpo sano y para ello la práctica de actividades físicas, artísticas e intelectuales son fundamentales.

 

Envejecimiento Cerebral

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El cerebro es, sin duda, el órgano más complejo de nuestro cuerpo. Muchas veces ha sido comparado con un ordenador, pero es mucho más complejo que cualquiera de los creados hasta la fecha. El cerebro permite la realización de un número increíble de funciones y tareas: no solo hace posible pensar y razonar, sino también soñar y emocionarnos. A través de los sentidos, recibe un enorme flujo de información del mundo que nos rodea, la procesa y le da sentido.

Es, además, el responsable de controlar la temperatura corporal, la presión arterial, la respiración, el habla, el movimiento, la circulación sanguínea o la digestión, entre otras funciones.

El cerebro adulto pesa, de media, entre 1.300 y 1.400 gramos. Aunque las cifras son muy variables a lo largo de la vida, contiene unos 100.000 millones de neuronas y aún una cantidad mucho mayor de sinapsis que permiten que las neuronas se conecten entre sí.

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Con el paso de los años las transformaciones estructurales del cerebro se traducen en una disminución del tamaño, peso y volumen del mismo, así como la aparición de lesiones isquémicas en los sujetos normales con más de 65 años.

En circunstancias normales el peso medio máximo del cerebro se reduce hasta un 10-15 % a los 90 años respecto al peso que tenía a los 25-30 años. Las paredes de las grandes arterias se engrosan por los depósitos de distintas sustancias, por lo que pierden elasticidad, haciendo que el sistema sea más vulnerable a procesos vasculares patológicos.

 

En la actualidad, a diferencia de antiguas convicciones, se habla más de cambios que de pérdidas celulares. Anteriormente se creía que el envejecimiento estaba asociado a una pérdida irreversible de neuronas de la corteza cerebral a lo largo de toda la vida adulta. Hoy en día, con más sofisticados sistemas de medición, se tiende a pensar que se producen cambios de empequeñecimiento de las neuronas.

 

El cerebro está compuesto por células nerviosas llamadas neuronas. Cuando tomamos decisiones y experimentamos emociones, las neuronas se conectan entre sí mediante una complicada mezcla de procesos químicos y eléctricos llamada sinapsis.

 sinapsis

Asimismo, durante el proceso de envejecimiento, algunas neuronas «se encogen», especialmente las más grandes, en áreas importantes para el aprendizaje, la memoria, la planificación y otras actividades mentales complejas.

Estos procesos de cambio, normales en el envejecimiento, tienen un impacto en el cerebro. Una persona mayor sana suele experimentar un pequeño declive en su capacidad para aprender cosas y para recuperar información, como por ejemplo recordar nombres. Las tareas complejas de atención, aprendizaje y memoria son de las más vulnerables. Sin embargo, dedicando el tiempo suficiente a realizar la tarea la mayoría de personas mayores sanas pueden rendir tan     competentemente como otras más jóvenes; es decir, básicamente se produce un enlentecimiento cognitivo.

Alzheimer.

Es considerada el tipo más frecuente de demencia entre las personas mayores, afectando las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje, provoca una degeneración progresiva de las neuronas que trae como consecuencia grandes dificultades en múltiples funciones cognitivas. Con inicio insidioso y de progresión gradual, provocado por depósitos anormales o placas de amiloide y acumulación de estructuras fibrilares entrelazadas u ovillos neurofibrilares. La presencia de estas placas y ovillos en el cerebro se considera el sello característico de la enfermedad.

Su etiología es desconocida aunque, estudios publicados por Linda Searing en la revista electrónica Medline Plus destacan la identificación de nueve genes que podrían hacer a las personas más propensas a desarrollar el Alzheimer. Además, confirmaron informes anteriores de que una variación del gen receptor de la vitamina D3, en el cromosoma 12, podría también aumentar el riesgo de Alzheimer y la existencia de bajos niveles de vitamina D en las personas que sufren esta enfermedad así como otras demencias. “El hallazgo sobre el receptor de la vitamina D3 en el cromosoma 12 es realmente emocionante, porque implica una potencial vía biológica que ha sido de interés en los trastornos neurológicos”, afirmó en un comunicado de prensa de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami el investigador Jonathan L. Haines, del Centro médico de la Universidad de Vanderbilt. Los investigadores del Instituto de genómica humana Miami de la universidad colaboraron en el estudio con colegas del Centro de investigación de genética humana de la Vanderbilt.

La identificación de nuevos genes del Alzheimer podría llevar a una mejor comprensión de las causas de la enfermedad, que es el tipo de demencia más común entre las personas mayores. Actualmente, Los médicos y los científicos no tienen claro qué inicia esta irreversible y progresiva enfermedad cerebral.

El envejecimiento es, y con mucho, el mayor factor de riesgo, aunque es necesario aclarar que no es parte del proceso natural de envejecimiento. Solo el 10% de la población menor de 65 años tiene probabilidades de padecerla, considerando el hecho como una aparición precoz que afecta las áreas de asociación somato-sensorial. Para las personas de más de 65 años las probabilidades de padecer la enfermedad empiezan a ser más preocupantes.

Se calcula que lo padecen:

  • Un 1 por 100 de personas de 65 años.
  • Un 2 por 100 de personas de 68 años.
  • Un  3 por 100 de personas de 70 años.
  • Un 6 por 100 de personas de 73 años.
  • Un 9 por 100 de personas de 75 años.
  • Un 13 por 100 de personas de 77 años.

En la población mayor de 85 años (aparición tardía), la prevalencia aumenta hasta el 50%, afectando a la memoria y funciones límbicas. Con mayor incidencia en mujeres.

Su curso tiene una duración media de entre 8 y 10 años, siendo dependiente de factores como la edad, genética, TCE, nivel cultural (reserva cognitiva), riesgo vascular, tratamientos antinflamatorios, etc. Estos, a su vez, funcionan como factores de riesgo para padecer la enfermedad.

Se observan diversos patrones de déficit, pero el trastorno se inicia generalmente con dificultades de memoria reciente que van seguidos de afasia, apraxia y agnosia al cabo de varios años. Los déficits de la función ejecutiva se observan también en fases tempranas del curso de la enfermedad. Algunos pacientes pueden presentar trastornos de personalidad con una visible irritabilidad. Ya en las fases medias y avanzadas son frecuentes síntomas psicóticos, así como incontinencia, alteraciones de la marcha o trastornos motores que pueden terminar con pérdida del habla y encamados.

No es una enfermedad de fácil diagnóstico, debido a que el diagnóstico clínico de la misma se corresponde con un diagnóstico anátomopatológico en un 70 o 90 % de los casos. En un primer momento, éste se hace por eliminación, realizando múltiples pruebas. Existen diferentes criterios para establecer el diagnóstico de la demencia tipo Alzheimer.

Los más utilizados son los criterios incluidos en el DSM-IV para las demencias; y los del National Institute of Neurological and Communicative Disorders and the Alzheimer`s Disease and Related Disorders Association (NINCDS-ADRDA):

  • Demencia tipo Alzheimer Probable:

A. Criterio clínico de Demencia tipo Alzheimer probable si se encuentra establecida por examen clínico y documentada mediante el test mini-mental o similares, y confirmado por pruebas neuropsicológicas; se detectan déficits en dos o más áreas cognitivas; hay empeoramiento progresivo de memoria y otras funciones cognitivas;  ausencia de alteraciones de consciencia; se inicia entre los 30 y 40 años; y ausencia de alteraciones sistémicas u otras enfermedades cerebrales, que por ellas mismas podrían explicar los déficits en memoria y cognición.

B. El diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer probable es apoyado por deterioro progresivo de funciones cognitivas específicas, como el lenguaje (afasia), habilidades motoras (apraxia),  y percepción (agnosia); deterioro de actividades de la vida cotidiana y patrones alterados de conducta; historia familiar de alteraciones similares, en especial si están confirmadas neuropsicológicamente; resultados de laboratorio.

C. Otras características clínicas consistentes consistentes con el diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer probable, tras la exclusión de otras causas de demencia son síntomas acusados de depresión, insomnio,  incontinencia, delusiones, ilusiones, alucinaciones, arrebatos catastróficos verbales, emocionales o físicos, alteraciones sexuales,  pérdida de peso; ataques epilépticos en estadios avanzados; TC anormal para la edad.

D. Rasgos que hacen improbable el diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer  son el inicio repentino; signos neurológicos focales en un curso no avanzado como hemiparesia o pérdida sensorial; y ataques epilépticos, accidentes vasculares cerebrales o alteraciones de la marcha al inicio de la enfermedad.

  • Demencia tipo Alzheimer Posible:

A. A partir de un síndrome de demencia en ausencia de otras alteraciones neurológicas, psiquiátricas o sistémicas suficientes para causarlo y en presencia de variaciones en el inicio, presentación y curso.

B. En presencia de otra alteración cerebral o sistémica suficiente para causar demencia, pero que no es  considerada la causa.

C. Cuando se identifica un déficit cognitivo severo, gradualmente progresivo, sin causa conocida.

  • Demencia tipo Alzheimer Definitivo:

A. Satisfechos los criterios clínicos para Demencia tipo Alzheimer Probable.

B. Evidencia histopatológica obtenida por biopsia o autopsia.

En su examen clínico, se evalúan las áreas de orientación (personal, espacial y temporal), atención, memoria, lenguaje, praxias, gnosias, funciones visoperceptivas y visoespaciales,  funciones frontales, emociones y comportamiento.

Según topografía cerebral, encontramos las siguientes alteraciones neuropsicológicas: parietal derecho (desorientación espacial, apraxia del vestirse, apraxia constructiva, y déficit de razonamiento viso-espacial); parietal izquierdo (desorientación derecha-izquierda, apraxia ideomotriz e ideatoria, agrafia, acalculia, y déficit de razonamiento abstracto-verbal); temporal derecho (desintegración perceptiva); temporal izquierdo (anomia, dificultades de comprensión, acalculia, y disgramatismo); Frontal (baja fluencia, dificultades de cálculo mental, cambios en la conducta social y adinamia); Sistema Límbico (alteraciones de memoria reciente, cambios emocionales y de humor y rasgos psicóticos, como delusiones, paranoia, alucinaciones, etc.)

Presenta alteraciones conductuales, tales como agresión, deambulación, alimentación, incontinencia urinaria, desinhibición social, etc. La evolución de la sintomatología, medida con la prueba Mini Mental State Examen (MMSE), se resume de la siguiente forma:

  • Demencia leve (Puntuación MMSE 26-20): Niega la enfermedad; fracaso social no doméstico; autónomo con vigilancia; desorientación espacial en lugares poco comunes; dificultades de memoria (aprendizaje); anomia en el lenguaje; praxia constructiva; personalidad conservada; tristeza; y examen motor normal.
  • Demencia moderada (Puntuación MMSE 19-10): Fracaso social doméstico; dependencia funcional, supervisión; desorientación temporal y espacial; dificultades de memoria (episódica y semántica); afasia fluida en el lenguaje; Praxia constructiva, en el vestirse, etc.; prosopagnosia; personalidad aparentemente deteriorada; apatía; ilusiones y alucinaciones; se aprecian signos de rigidez y parkinsonianos en el examen motor.
  • Demencia grave (Puntuación MMSE 10-0): Supervisión total y continua; desorientación temporal y espacial; sólo recuerda nombres de familiares; lenguaje monosilábico (mutismo); deterioro grave de praxias y gnosias; alteraciones psiquiátricas y conductuales graves y frecuentes; rigidez y ataxia (encamado) en el examen motor.

Interesante artículo de Infocop Online con alarmantes estadísticas.

INTERVENCIONES EFICACES EN LAS FASES TEMPRANAS DE LA DEMENCIA Fecha de publicación 21/09/2011

Tres de cada cuatro pacientes con demencia no son detectados en los servicios de Atención Primaria, lo que supone que más de 27 millones de personas que presentan una demencia hoy en día no están recibiendo tratamiento. Así lo advierte el Informe Mundial de Alzheimer 2011, que la Asociación Enfermedad de Alzheimer Internacional (Alzheimer’s Disease International:ADI) publica todos los años, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Alzheimer.

En esta ocasión, el informe se ha centrado especialmente en dar a conocer las intervenciones eficaces para las primeras fases de la demencia, ya que, según señalan, existe la creencia errónea de que no se puede hacer nada ante la aparición de esta patología y se da la circunstancia, además, de que en muchos casos estos síntomas tempranos se confunden con los del envejecimiento normal, por lo que un gran porcentaje de afectados de demencia jamás llega a ser diagnosticado ni a recibir el tratamiento que se merece.

El informe, titulado Los beneficios del diagnóstico e intervención temprana (The benefits of early diagnosis and intervention), realiza una revisión exhaustiva de los tratamientos más eficaces, avalados científicamente, para el abordaje de la demencia en sus primeras fases (tanto farmacológicos como psicosociales) y anima a los gobiernos a que incorporen esta estrategia de actuación temprana en sus políticas sanitarias, en concordancia con las recomendaciones del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (National Institute for Health and Clinical Excellence, NICE). Una estrategia, según se indica en el informe, que permitiría ahorrar alrededor de 10.000 dólares por cada paciente (unos 7.000 euros), así como mejorar la calidad de vida de los afectados y sus cuidadores y evitar la institucionalización de estos enfermos.

En lo que respecta a las intervenciones psicológicas, los expertos señalan que:

Los programas de estimulación cognitiva pueden mejorar las funciones cognitivas en personas con Alzheimer en fase leve o moderada, por lo que este tipo de intervenciones deberían ofertarse de manera rutinaria a todos los pacientes. Estos programas, además, han mostrado su eficacia en los diferentes tipos de demencia.

Las personas que se encuentran en las primeras fases de demencia pueden beneficiarse de los grupos de apoyo y, en el caso de que presenten depresión, se recomienda la aplicación de tratamiento conductual en sesiones individuales.

La formación y psicoeducación de los cuidadores, así como los programas de entrenamiento y apoyo deberían ofrecerse a todos los familiares en intervalos de tiempo adaptados al aumento de las demandas de cuidado que requiere el familiar con demencia. Se ha comprobado que este tipo de intervenciones producen mejoras en el estado de ánimo y bienestar psicológico del cuidador principal y retrasan la institucionalización de los enfermos.

Tal y como ha señalado Martin Prince, profesor del King’s College de Londres e investigador principal del estudio, este informe deja patente que “todos los países necesitan una estrategia nacional sobre demencia que asegure el diagnóstico temprano y el cuidado a largo plazo”, garantizando que todos los afectados tengan acceso a tratamientos eficaces para las fases tempranas de la demencia.

Talleres de Estimulación Cognitiva para el Adulto Mayor en Torrijo de la Cañada.

Intentando buscar soluciones a la realidad de nuestros ancianos en el mundo rural es que surgió la idea de crear talleres de activación y estimulación de las capacidades cognitivas dirigido a los adultos mayores residentes en Torrijo de la Cañada.

Impartir estos talleres en el entorno rural permitirá llevar hasta los mayores la posibilidad de entrenar funciones cognitivas que la falta de actividades y estímulos típicos de estos entornos no permiten desarrollar. Estos estímulos son particularmente valiosos para  la prevención de demencias seniles así como fomentar estilos de vida saludables y una mejor calidad de vida para mejorar la calidad de vida de este sector de la población.

Para la estimulación cognitiva se emplean novedosos y atractivos ejercicios, diseñados para cada sesión. Los  objetivos serán adaptados a la temática propuesta, siendo los temas a tratar cuestiones de gran interés para la población hacia las que va dirigida.

Objetivos de los Talleres:

  • Evaluar, estimular y potenciar funciones cognitivas.
  • Insistir en la importancia de un envejecimiento sano y activo.
  • Promover formas de vida saludables que contribuyen a una mejor calidad de vida y bienestar en estas edades.
  • Facilitar un espacio adecuado para el intercambio de experiencias entre los mayores de cada localidad.
  • Generar ambientes y tareas que potencien la autoestima y estados de ánimo positivos.

El programa está dirigido fundamentalmente, a personas con más de 60 años, pero puede ser beneficioso a personas de menor edad. En cuanto al  nivel socio-cultural y educativo, resultan imprescindibles ciertas habilidades como lectura, escritura y la realización de cálculos sencillos.  Asimismo, es importante tomar en cuenta las limitaciones sensoriales de los participantes que puedan interferir en la realización de los ejercicios.

Temario propuesto:

  • Entrenamiento mental y prevención del envejecimiento cerebral.
  • Procesos a entrenar: Atención, Memoria, Pensamiento abstracto, Concentración y Creatividad
  • Nutrición saludable.
  • Ejercicios físicos.
  • Cuidado personal e higiene.
  • Haciendo números.
  • Bienestar psicológico.
  • Solución de problemas y manejo del stress.
  • Relaciones humanas (familia e hijos).
  • Siendo creativos.

Ya vamos por la segunda edición y los resultados han sido excelentes, espero poder impartir estos talleres a todos los ancianos de los pueblos de la Comarca. Nuestro territorio necesita de proyectos que promuevan e impulsen políticas sociales y de salud, asumiendo así la filosofía del Movimiento Mundial Pro Envejecimiento Activo de la Organización Mundial de la Salud.

Talleres de Estimulación Cognitiva en Torrijo de la Cañada

Deterioro Cognitivo Ligero

El Deterioro Cognitivo Ligero es una alteración de las funciones mentales, que supone un aumento de la gravedad de las dificultades propias del envejecimiento normal. Aparecen problemas funcionales (trabajo, familia, relaciones sociales, etc.) que, sin llegar a incapacitar, supone una alteración significativa de la independencia del paciente. El deterioro cognitivo ligero puede evolucionar hacia una demencia, pero no necesariamente ni en todos los casos.

En función de los cambios conductuales observados, se puede caracterizar por afectación de la memoria; afectación de otra función aislada, que no sea la memoria (atención, planificación y organización, viso-percepción,etc.); o por afectación de varias funciones a la vez, aunque de manera leve. Petersen et al. (2003) proponen la siguiente clasificación de subtipos de deterioro cognitivo ligero: Deterioro Cognitivo Ligero Amnésico (déficit aislado de memoria); Deterioro Cognitivo Ligero Amnésico, por afectación múltiple (deterioro proporcionado en varias áreas, como memoria, lenguaje o funciones ejecutivas); Deterioro Cognitivo Ligero con afectación de un solo dominio, sin incluir memoria (ejecutivas, viso-espaciales, viso-constructivas, lenguaje, etc.); Deterioro Cognitivo Ligero con afectación múltiple, sin incluir memoria.

Se trata de una categoría diagnóstica que no se encuentra oficialmente aceptada, aunque existe cierto nivel de consenso respecto a su entidad patológica y criterios diagnósticos. Ejemplo de los esfuerzos por alcanzar acuerdos en este sentido es el resultado de la conferencia de consenso: criterios diagnósticos de Wimblad et al. (2004)

a)    No se trata de envejecimiento normal y no cumple los criterios diagnósticos de demencia según los manuales al uso.

b)   Evidencia de deterioro cognitivo: auto-informado y/o informado por otra persona, ambos con déficit cognitivo objetivado en tareas y/o evidencias objetivas de deterioro en tareas cognitivas a lo largo del tiempo.

c)    Deterioro mínimo de las funciones instrumentales complejas.

d)   Preservadas las actividades básicas de la vida diaria.

La comparación del rendimiento en tareas y cambios conductuales debe hacerse con el propio paciente en fechas anteriores recientes o bien, cuando esto no sea posible, con los otros mayores.

 

Deterioro neuropsicológico durante el proceso de envejecimiento.

 

Con el proceso de envejecimiento se dan una serie de cambios neurodegenerativos que van desde cambios estructurales del cerebro, cambios psicológicos y sociales. Estos cambios no se explican por la presencia de patología alguna y no interfieren significativamente en la autonomía del mayor. Se trata de un fenómeno universal.

Las transformaciones estructurales del cerebro se traducen en una disminución del tamaño, peso y volumen del mismo, aumento de las placas seniles así como la aparición de lesiones isquémicas en los sujetos normales con más de 65 años. Se observa también discreta atrofia de los hemisferios cerebrales con pérdida de neuronas, disminución del grosor del córtex, aumento de tamaño de los surcos cerebrales y aumento de la dilatación ventricular; y reducción de la eficacia en la comunicación entre las células. Su curso es variable, dependiendo de factores como el estado de salud general (física, mental y emocional); nivel cultural; nivel de actividad física y cognitiva; factores hereditarios; factores económicos, sociales y familiares.

A partir de la edad media de la vida hay un declive en las funciones intelectuales, junto a un deterioro de la memoria a corto plazo y lentitud motora y mental. Marcadas dificultades con objetos en perspectiva inusual; dificultades para estimar distancias, dificultades para orientarse espacialmente; problemas para planificar, organizar y ejecutar planes con rapidez y eficacia (preferencia por las rutinas). Alteraciones de personalidad y en este sentido se caracterizan por la rigidez y persistencia (enfados); desinhibición verbal (dice lo que piensa). Suelen mostrarse más sensibles en la esfera emocional, con dificultades para controlar emociones (tristeza, ira, etc.) El lenguaje está preservado (comprensión/producción), aunque presenta problemas para recordar la palabra adecuada.

En cuanto al perfil neurosicológico del envejecimiento normal tenemos que se dan dificultades en la velocidad de procesamiento, memoria, funciones ejecutivas, denominación y fluidez ante consignas,  funciones viso-perceptivas/espaciales, reducción de la actividad motora. Posible afectación de sustancia blanca y/o sistema fronto-basal y/o temporo-medial. Preservación general del lenguaje (se dan praxias y gnosias).

En muchos de ellos se presentan circunstancias sociales insatisfactorias pues viven y se sienten solos, además de tener ingresos económicos más bajos y peores condiciones de vida que en épocas anteriores. Todo esto hace que se aíslen socialmente y favorezcan la aparición de trastornos psicológicos como la depresión.

 

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