Faramacoterapia de la Hiperactividad con Déficit de Atención en el Menor.

 

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (ADHD, siglas en inglés) se caracteriza por falta de atención, hiperactividad e impulsividad. Es el trastorno del comportamiento que más se diagnostica en la infancia y se calcula que afecta de un 3% a un 5% de los niños en edad escolar.

Aunque generalmente el ADHD se diagnostica durante la infancia, no es un trastorno que afecte sólo a los niños-muchas veces se prolonga hasta la adolescencia y a etapas posteriores y frecuentemente no se diagnostica hasta muchos años después.

Existen tres tipos de ADHD, cada uno con síntomas diferentes: en el que predomina la inatención; cuando predomina el aspecto hiperactivo-impulsivo y cuando se produce una combinación de los anteriores.

El fármaco de primera elección para este tipo trastorno en menores es el Metilfenidato (Rubifen®), psicoestimulante de probada efectividad en pruebas robustas en niños entre 6-17 años. Tres de cuatro niños tratados reducen notablemente su impulsividad, mejoran en las actividades escolares, atención, memoria a corto plazo, aumento de obediencia y cumplimiento de tareas (placebo sólo el 18%). El tratamiento reduce en un 85% el mayor riesgo de abuso de sustancias psicotrópicas existente en los niños con hiperactividad. En sujetos mayores de edad, su administración aumenta el riesgo de adicción.

Las reacciones adversas posibles son:

a)    Insomnio inicial (especialmente cuando se administra a últimas horas de la tarde)

b)   Cefaleas

c)    Pérdida de apetito

d)   Nerviosismo

e)    Molestias gastrointestinales (náuseas, vómitos, dolor abdominal)

f)     En algunos sujetos aparece comportamiento compulsivo con brotes de agresión

g)    Rara vez aparecen reacciones psicóticas o retraso en el crecimiento

h)   En algunos casos se pueden incrementar o precipitar tics

i)     Hipersensibilidad auditiva…

Si se presenta alguna o varias de las reacciones adversas con intensidad moderada, se reajusta a la baja la dosis.  Si estos efectos son intensos o aparecen síntomas psicóticos, retirada del tratamiento. También si se enlentece el crecimiento de forma clara.

Los fármacos de segunda elección son los antidepresivos tricíclicos o bupropión. Este tipo de fármacos sólo tienen eficacia limitada sobre la hiperactividad y no sobre el déficit de atención.

 

Evaluación psicológica.

La profesión de psicólogo es ciertamente compleja, pues tiene como objetivo el entender y predecir la conducta humana en los distintos escenarios en los que se desarrolla, que son muchos y variados. La acción humana no se deja apresar fácilmente, no es lineal y directa, más bien tiende a ser retorcida e indirecta, no iba descaminado Kant cuando decía que nada estrictamente recto puede hacerse del retorcido tronco del que están hechos los humanos. Para tratar de alcanzar ese noble objetivo de entender a los humanos, los psicólogos utilizan aquellos procederes y métodos que mejor cuadran al objeto de estudio y más se ajustan al contexto en el que se dan las conductas a estudiar. Puesto que hay muchos tipos de conducta y no son menos numerosos los contextos en los que se dan, los psicólogos se ven obligados a manejar técnicas y métodos variados, todos ellos legítimos, siempre y cuando los resultados obtenidos sean capaces de superar una rigurosa comprobación empírica, lo cual no es negociable.

La actividad más realizada por los psicólogos profesionales es, sin duda alguna, la evaluación psicológica. Al punto que cabría afirmar la imposibilidad de ejercer la psicología sin llevar a cabo esta necesaria tarea. En cualquier ámbito de intervención es necesario evaluar previamente, e incluso en algunos, constituye la principal actividad que realiza un psicólogo.

Rocío Fernández-Ballesteros (2004) define la evaluación psicológica como “una disciplina de la psicología científica que se ocupa de la exploración y análisis del comportamiento de un sujeto humano con distintos objetivos: descripción, diagnóstico, selección/predicción, explicación, cambio y/o valoración de los tratamientos o intervenciones aplicadas.”

La evaluación implica un proceso de solución de problemas y toma de decisiones que comienza con una demanda de un cliente y/o sujeto a un psicólogo. Este proceso está compuesto por una serie de actividades científicas y profesionales secuenciadas, que pueden variar en función del fin que se persigue. Esto determina el método psicodiagnóstico a emplear y las fases que lo integran.

  • El método Correlacional incluye 4 fases; diagnosticar, orientar, seleccionar o proponer tratamiento. La psicología correlacional, tiene como objetivo evaluar atributos para encontrar diferencias individuales y clasificar a los sujetos, ya sea en funciones cognitivas como de personalidad. El método correlacional puede ser aplicable en las situaciones en que se busca establecer relaciones entre los hechos y cuando se pretende hacer generalizaciones o predicciones.
  • El método Experimental, además de las anteriores, se suman la de establecer hipótesis funcionales, tratamiento, valoración del tratamiento, informe de los resultados y seguimiento. El método experimental procede del enfoque galiléico y su metodología de trabajo se caracteriza por ser hipotético-deductiva. Surge a  partir del interés de la psicología por conocer la relación causal entre determinadas variables.

Las diferencias entre el método correlacional y el experimental definieron las disciplinas metodológicas de mayor tradición. Constituyen aproximaciones distintas con sus propias ventajas y limitaciones. Un método puede cederle prioridad a otro cuando cambia el tipo de problema.

Reir es saludable.

Trastorno de estrés postraumático.

Los seres humanos han estado expuestos, de una u otra manera, a tragedias y desastres a lo largo de toda la historia. Desde el siglo sexto antes de Jesucristo existen evidencias de reacciones postraumáticas en las reacciones de los soldados durante el combate (Holmes, 1985). Desde entonces se han empleado numerosos términos diagnósticos como Neurosis de Guerra, Neurosis Traumática, síndrome Post-Vietnam o Fatiga de Batalla (Meichenbaum 1994) El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III) reconoció por primera vez el trastorno por estrés postraumático como una entidad diagnóstica diferenciada en el año 1980. Fue categorizado como un trastorno de ansiedad por la ansiedad persistente, hipervigilancia y conductas de evitación fóbica. Ya en el año 1994 se publicó con el nombre de Trastorno por estrés postraumático y lo describen como la reacción de temor, desesperanza u horror intenso posterior a que la persona ha experimentado, presenciado, estado expuesta o le han explicado acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de recuerdos recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones, sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar, el individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback), malestar psicológico intenso y respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático. El individuo suele hacer una evitación persistente de estímulos asociados al trauma así como numerosos esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático, evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos, incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma, reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas, sensación de desapego o enajenación frente a los demás, restricción de la vida afectiva (incapacidad para tener sentimientos de amor), sensación de un futuro desolador (no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o llevar una vida normal) y embotamiento de la reactividad general del individuo. Los principales síntomas que se observan en esta patología son: aumento de la activación (arousal), dificultades para conciliar o mantener el sueño, irritabilidad o ataques de ira, dificultades para concentrarse, hipervigilancia, respuestas exageradas de sobresalto. Estas alteraciones suelen prolongarse en el tiempo provocando malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Se trata de un trastorno de correlación inversa, a menor edad mayor intensidad. Asimismo, es más común en aquéllos individuos socialmente aislados. En algunos casos es menos importante el estímulo tal por lo que es, sino por el impacto subjetivo que el mismo tiene en la persona. La reacción a una situación dura e inusual depende mucho de la sensibilidad de las personas afectadas y de sus recursos para afrontar los traumas. En parte esto se encuentra determinado por las características genéticas, pero también influyen la personalidad y la situación vital concreta, si se han sufrido otros traumas en el pasado o el tejido familiar y social con que cuente el individuo.

Más terapia psicológica y menos medicación, acertada elección.

LA OCU SOLICITA MÁS TERAPIA PSICOLÓGICA Y MENOS MEDICACIÓN PARA LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD Y DEPRESIÓN. 

Incocop online. Fecha de publicación 06/03/2012

La Organización de Consumidores y Usuarios ha hecho público, el pasado 21 de febrero de 2012, los resultados de un estudio sobre la atención en salud mental que se presta en España a las personas con ansiedad y depresión. El estudio, que lleva por título Más psicoterapia y menos pastillas, y que aparece recogido en el número 100 de la revista OCU-Salud, pretende lanzar la voz de alarma sobre la elevada prescripción de fármacos (antidepresivos y ansiolíticos) en nuestro país, a pesar de que “la opción más exitosa y la que debe aplicarse en primer lugar es la psicoterapia basada en determinadas técnicas eminentemente cognitivo-conductuales”, y para ello solicita más accesibilidad al tratamiento psicológico, más recursos destinados a este fin y una mayor concienciación social.

Tras entrevistar a un conjunto de pacientes, médicos de Atención Primaria, especialistas en salud mental y gerentes de centros especializados, la OCU ha detectado las siguientes carencias:

  • Se evidencia un enorme retraso y errores en la identificación del problema de salud mental que presenta el paciente hasta llegar al diagnóstico definitivo, con la consiguiente pérdida de tiempo, de recursos y complicación de la sintomatología.
  • El tratamiento psicológico, hoy por hoy, no es una alternativa generalizada, ni se ofrece a todos los pacientes. El médico de Atención Primaria -señala el estudio de la OCU- suele establecer un tratamiento farmacológico, aunque los pacientes deciden abstenerse, “porque recelan demasiado o porque los fármacos les hacen sentir zombies”.
  • El bajo porcentaje de pacientes que es derivado a los especialistas en salud mental, tiene que sufrir una lista de espera de entre 2 y 4 meses.
  • Existen importantes diferencias territoriales en la atención en salud mental que se presta en los servicios de salud. En algunas CC.AA. los pacientes acceden a tratamiento psicológico; sin embargo, en otras, son derivados a un psiquiatra, que vuelve a centrar el tratamiento en los fármacos.

Pese a todo, resalta el estudio de la OCU, los pocos pacientes que llegan a recibir tratamiento psicológico “se muestran más agradecidos y son más tendentes a recomendar psicoterapia que fármacos”.

A la luz de estos datos, la OCU reclama que se mejore la eficacia de la atención en salud mental que se ofrece para los problemas de ansiedad y depresión, a través de la implementación de tratamientos psicológicos accesibles a todas las personas que los precisen. Para la OCU, esto requiere reorganizar los servicios y aumentar el número de profesionales disponibles. Además, la OCU solicita, entre otras cuestiones:

  • Incidir en la prevención de los trastornos mentales, promocionando la salud, entendida en un amplio sentido.
  • Concienciar a los pacientes sobre el uso responsable del sistema sanitario, haciéndoles ver que cualquier dificultad vital no tiene por qué solucionarse farmacológicamente.
  • Promover entre los médicos una administración responsable de los fármacos, “ajena a las presiones de los pacientes, la industria o la falta de tiempo”. La atención de los problemas de ansiedad y depresión debe ajustarse a las recomendaciones basadas en la evidencia, que establecen que el tratamiento psicológico (y en concreto, la terapia cognitivo-conductual) es más eficaz y efectivo para los problemas de ansiedad y depresión.
  • En el ámbito de la intervención psicológica es necesario hacer un esfuerzo cuantitativo (formar a más profesionales) y cualitativo (mejorar el conocimiento y manejo de las distintas terapias aplicables).
  • Mejorar la dotación de los centros de Atención Primaria, ya que suponen la puerta de acceso de un número creciente de personas que acuden a consulta porque presentan dificultades para enfrentar los problemas de la vida cotidiana e incorporar a los especialistas de salud mental en este nivel de asistencia.

Como ya ha informado Infocop en otras ocasiones, el Reino Unido inició una importante reforma en su sistema sanitario en esta dirección hace tres años. A través del Programa Improving Access to Psychological Therapies, incorporó la atención psicológica en los servicios de Atención Primaria de este país, respaldando su reforma en los estudios científicos que avalaban el tratamiento psicológico como primera elección para los problemas de ansiedad y depresión, y en un informe de la London Scholl of Economics (The Depression Report), que establecía las ventajas económicas y sociales de la implementación de estos servicios frente al abordaje farmacológico tradicional.

El éxito derivado de este cambio en su modelo de actuación en salud mental, se ha evidenciado en los buenos resultados y en la gran acogida por parte de los usuarios de estos servicios. No obstante, el gobierno británico y las asociaciones profesionales implicadas en esta importante reforma, han invertido considerables esfuerzos en asegurarse este éxito mediante la incorporación de profesionales cualificados (psicólogos) y debidamente entrenados en la aplicación de tratamientos psicológicos basados en la evidencia científica. Tal y como aparece recogido en un informe publicado por el Departamento de Salud de este país: “los psicólogos juegan un papel fundamental en la implementación de este programa y son esenciales para su éxito”.

Para facilitar este cambio en nuestro país, la OCU aconseja a los ciudadanos a que presionen para recibir el mejor tratamiento posible. “Si sufre ansiedad o depresión en grado leve, no deposite sus esperanzas en los fármacos”, concluye el informe.

La OCU entiende que el coste de la generalización de los tratamientos psicológicos se vería ampliamente compensado con la reducción de las bajas laborales por ansiedad y depresión.

El estudio completo de la OCU está disponible en el número 100 de la revista OCU-Salud.

Razones para evitar el enojo.

Ser optimistas.

 

El optimismo es considerado como una característica de la especie humana seleccionada por la evolución debido a sus ventajas para la supervivencia. Cualidad que alude a la disposición del individuo motivado por expectativas positivas y objetivos de futuro.

A partir de la constatación por los profesionales del papel del pesimismo en la aparición de la depresión han sido muchos los estudios que muestran que el optimismo tiene valor predictivo sobre la salud y el bienestar, además de actuar como modulador sobre los eventos estresantes, paliando el sufrimiento y el malestar de aquellos que sufren, tienen estrés o enfermedades graves (Peterson, Seligman y Vaillant, 1988), asimismo puede ser un agente potenciador de bienestar y salud en las personas, que sin  presentar trastornos, quieren mejorar su calidad  de vida.

El sentido común nos dice que es positivo mirar al futuro con optimismo y numerosos trabajos empíricos apoyan esta idea. Asimismo, estudios con población general muestran una clara tendencia del las personas a sobreestimar el grado de control que tienen sobre las situaciones (Langer, 1975). Esta ilusión de control, junto con otros mecanismos, contribuyen a explicar por qué unas personas no se deprimen y otras sí.

La depresión como un impulso al éxito.

Abraham Lincoln (1809-1865) padeció depresión durante la mayor parte de su vida. Esta enfermedad le proporcionó las armas necesarias para convertirse en una de las figuras más emblemáticas de la guerra de secesión americana y presidente número 16 de los Estados Unidos (1861-1865). Lincoln no sólo experimentó problemas que se relacionaban con la guerra; también su vida personal estaba llena de sucesos cotidianos negativos. Creció en extrema pobreza; su madre murió cuando era joven y su padre lo trataba con dureza; a pesar de ello, Lincoln se las arregló para educarse por sí mismo, se convirtió en un exitoso abogado y político; fue electo para el congreso y por último para la presidencia. Su matrimonio con Mary Todd fue infeliz, con escenas explosivas frecuentes; dos de sus hijos murieron durante la niñez. La mayoría de los compañeros de Lincoln coincidían en que su rasgo más característico era la melancolía. Aficionado a la poesía sentimental, que recitaba a menudo en público, ya desde joven hacía comentarios acerca de sus pensamientos suicidas y a medida que entraba en la madurez, reconocía que percibía el mundo como un lugar lleno de miseria, duro y lúgubre.

Los fármacos de la época fueron sus compañeros habituales. Consumía opiáceos y extracto de zarzaparrilla, entre otras muchas sustancias. Lincoln estaba convencido de que su melancolía era consecuencia inexorable de su constitución y que, ésa era la razón por la que sufría más que los demás. Trataba de mantenerse ocupado para distraerse, de manera que el trabajo se convirtió en su refugio. Y para liberar su melancolía leía, recitaba y componía poesía.

A pesar de los periodos de depresión que invadieron gran parte de su vida, en los que prácticamente estaba inmóvil, Lincoln fue domando la enfermedad y  terminó convirtiéndose en uno de los presidentes más admirados de Estados Unidos.

Su vida es un ejemplo de cómo la depresión puede desafiar a un individuo, impulsándole hasta el éxito. Los esfuerzos de Lincoln para mantenerse vivo le obligaron a desarrollar ciertas aptitudes. Trabajó para mejorar y para llegar a un exhaustivo autoconocimiento, cultivó su disciplina y otras estrategias que, en definitiva, conformaron su personalidad.

Un gran despertar.

Interesante artículo de Infocop Online con alarmantes estadísticas.

INTERVENCIONES EFICACES EN LAS FASES TEMPRANAS DE LA DEMENCIA Fecha de publicación 21/09/2011

Tres de cada cuatro pacientes con demencia no son detectados en los servicios de Atención Primaria, lo que supone que más de 27 millones de personas que presentan una demencia hoy en día no están recibiendo tratamiento. Así lo advierte el Informe Mundial de Alzheimer 2011, que la Asociación Enfermedad de Alzheimer Internacional (Alzheimer’s Disease International:ADI) publica todos los años, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Alzheimer.

En esta ocasión, el informe se ha centrado especialmente en dar a conocer las intervenciones eficaces para las primeras fases de la demencia, ya que, según señalan, existe la creencia errónea de que no se puede hacer nada ante la aparición de esta patología y se da la circunstancia, además, de que en muchos casos estos síntomas tempranos se confunden con los del envejecimiento normal, por lo que un gran porcentaje de afectados de demencia jamás llega a ser diagnosticado ni a recibir el tratamiento que se merece.

El informe, titulado Los beneficios del diagnóstico e intervención temprana (The benefits of early diagnosis and intervention), realiza una revisión exhaustiva de los tratamientos más eficaces, avalados científicamente, para el abordaje de la demencia en sus primeras fases (tanto farmacológicos como psicosociales) y anima a los gobiernos a que incorporen esta estrategia de actuación temprana en sus políticas sanitarias, en concordancia con las recomendaciones del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (National Institute for Health and Clinical Excellence, NICE). Una estrategia, según se indica en el informe, que permitiría ahorrar alrededor de 10.000 dólares por cada paciente (unos 7.000 euros), así como mejorar la calidad de vida de los afectados y sus cuidadores y evitar la institucionalización de estos enfermos.

En lo que respecta a las intervenciones psicológicas, los expertos señalan que:

Los programas de estimulación cognitiva pueden mejorar las funciones cognitivas en personas con Alzheimer en fase leve o moderada, por lo que este tipo de intervenciones deberían ofertarse de manera rutinaria a todos los pacientes. Estos programas, además, han mostrado su eficacia en los diferentes tipos de demencia.

Las personas que se encuentran en las primeras fases de demencia pueden beneficiarse de los grupos de apoyo y, en el caso de que presenten depresión, se recomienda la aplicación de tratamiento conductual en sesiones individuales.

La formación y psicoeducación de los cuidadores, así como los programas de entrenamiento y apoyo deberían ofrecerse a todos los familiares en intervalos de tiempo adaptados al aumento de las demandas de cuidado que requiere el familiar con demencia. Se ha comprobado que este tipo de intervenciones producen mejoras en el estado de ánimo y bienestar psicológico del cuidador principal y retrasan la institucionalización de los enfermos.

Tal y como ha señalado Martin Prince, profesor del King’s College de Londres e investigador principal del estudio, este informe deja patente que “todos los países necesitan una estrategia nacional sobre demencia que asegure el diagnóstico temprano y el cuidado a largo plazo”, garantizando que todos los afectados tengan acceso a tratamientos eficaces para las fases tempranas de la demencia.

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