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Reconociendo la demencia.

Alzheimer.

Es considerada el tipo más frecuente de demencia entre las personas mayores, afectando las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje, provoca una degeneración progresiva de las neuronas que trae como consecuencia grandes dificultades en múltiples funciones cognitivas. Con inicio insidioso y de progresión gradual, provocado por depósitos anormales o placas de amiloide y acumulación de estructuras fibrilares entrelazadas u ovillos neurofibrilares. La presencia de estas placas y ovillos en el cerebro se considera el sello característico de la enfermedad.

Su etiología es desconocida aunque, estudios publicados por Linda Searing en la revista electrónica Medline Plus destacan la identificación de nueve genes que podrían hacer a las personas más propensas a desarrollar el Alzheimer. Además, confirmaron informes anteriores de que una variación del gen receptor de la vitamina D3, en el cromosoma 12, podría también aumentar el riesgo de Alzheimer y la existencia de bajos niveles de vitamina D en las personas que sufren esta enfermedad así como otras demencias. “El hallazgo sobre el receptor de la vitamina D3 en el cromosoma 12 es realmente emocionante, porque implica una potencial vía biológica que ha sido de interés en los trastornos neurológicos”, afirmó en un comunicado de prensa de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami el investigador Jonathan L. Haines, del Centro médico de la Universidad de Vanderbilt. Los investigadores del Instituto de genómica humana Miami de la universidad colaboraron en el estudio con colegas del Centro de investigación de genética humana de la Vanderbilt.

La identificación de nuevos genes del Alzheimer podría llevar a una mejor comprensión de las causas de la enfermedad, que es el tipo de demencia más común entre las personas mayores. Actualmente, Los médicos y los científicos no tienen claro qué inicia esta irreversible y progresiva enfermedad cerebral.

El envejecimiento es, y con mucho, el mayor factor de riesgo, aunque es necesario aclarar que no es parte del proceso natural de envejecimiento. Solo el 10% de la población menor de 65 años tiene probabilidades de padecerla, considerando el hecho como una aparición precoz que afecta las áreas de asociación somato-sensorial. Para las personas de más de 65 años las probabilidades de padecer la enfermedad empiezan a ser más preocupantes.

Se calcula que lo padecen:

  • Un 1 por 100 de personas de 65 años.
  • Un 2 por 100 de personas de 68 años.
  • Un  3 por 100 de personas de 70 años.
  • Un 6 por 100 de personas de 73 años.
  • Un 9 por 100 de personas de 75 años.
  • Un 13 por 100 de personas de 77 años.

En la población mayor de 85 años (aparición tardía), la prevalencia aumenta hasta el 50%, afectando a la memoria y funciones límbicas. Con mayor incidencia en mujeres.

Su curso tiene una duración media de entre 8 y 10 años, siendo dependiente de factores como la edad, genética, TCE, nivel cultural (reserva cognitiva), riesgo vascular, tratamientos antinflamatorios, etc. Estos, a su vez, funcionan como factores de riesgo para padecer la enfermedad.

Se observan diversos patrones de déficit, pero el trastorno se inicia generalmente con dificultades de memoria reciente que van seguidos de afasia, apraxia y agnosia al cabo de varios años. Los déficits de la función ejecutiva se observan también en fases tempranas del curso de la enfermedad. Algunos pacientes pueden presentar trastornos de personalidad con una visible irritabilidad. Ya en las fases medias y avanzadas son frecuentes síntomas psicóticos, así como incontinencia, alteraciones de la marcha o trastornos motores que pueden terminar con pérdida del habla y encamados.

No es una enfermedad de fácil diagnóstico, debido a que el diagnóstico clínico de la misma se corresponde con un diagnóstico anátomopatológico en un 70 o 90 % de los casos. En un primer momento, éste se hace por eliminación, realizando múltiples pruebas. Existen diferentes criterios para establecer el diagnóstico de la demencia tipo Alzheimer.

Los más utilizados son los criterios incluidos en el DSM-IV para las demencias; y los del National Institute of Neurological and Communicative Disorders and the Alzheimer`s Disease and Related Disorders Association (NINCDS-ADRDA):

  • Demencia tipo Alzheimer Probable:

A. Criterio clínico de Demencia tipo Alzheimer probable si se encuentra establecida por examen clínico y documentada mediante el test mini-mental o similares, y confirmado por pruebas neuropsicológicas; se detectan déficits en dos o más áreas cognitivas; hay empeoramiento progresivo de memoria y otras funciones cognitivas;  ausencia de alteraciones de consciencia; se inicia entre los 30 y 40 años; y ausencia de alteraciones sistémicas u otras enfermedades cerebrales, que por ellas mismas podrían explicar los déficits en memoria y cognición.

B. El diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer probable es apoyado por deterioro progresivo de funciones cognitivas específicas, como el lenguaje (afasia), habilidades motoras (apraxia),  y percepción (agnosia); deterioro de actividades de la vida cotidiana y patrones alterados de conducta; historia familiar de alteraciones similares, en especial si están confirmadas neuropsicológicamente; resultados de laboratorio.

C. Otras características clínicas consistentes consistentes con el diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer probable, tras la exclusión de otras causas de demencia son síntomas acusados de depresión, insomnio,  incontinencia, delusiones, ilusiones, alucinaciones, arrebatos catastróficos verbales, emocionales o físicos, alteraciones sexuales,  pérdida de peso; ataques epilépticos en estadios avanzados; TC anormal para la edad.

D. Rasgos que hacen improbable el diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer  son el inicio repentino; signos neurológicos focales en un curso no avanzado como hemiparesia o pérdida sensorial; y ataques epilépticos, accidentes vasculares cerebrales o alteraciones de la marcha al inicio de la enfermedad.

  • Demencia tipo Alzheimer Posible:

A. A partir de un síndrome de demencia en ausencia de otras alteraciones neurológicas, psiquiátricas o sistémicas suficientes para causarlo y en presencia de variaciones en el inicio, presentación y curso.

B. En presencia de otra alteración cerebral o sistémica suficiente para causar demencia, pero que no es  considerada la causa.

C. Cuando se identifica un déficit cognitivo severo, gradualmente progresivo, sin causa conocida.

  • Demencia tipo Alzheimer Definitivo:

A. Satisfechos los criterios clínicos para Demencia tipo Alzheimer Probable.

B. Evidencia histopatológica obtenida por biopsia o autopsia.

En su examen clínico, se evalúan las áreas de orientación (personal, espacial y temporal), atención, memoria, lenguaje, praxias, gnosias, funciones visoperceptivas y visoespaciales,  funciones frontales, emociones y comportamiento.

Según topografía cerebral, encontramos las siguientes alteraciones neuropsicológicas: parietal derecho (desorientación espacial, apraxia del vestirse, apraxia constructiva, y déficit de razonamiento viso-espacial); parietal izquierdo (desorientación derecha-izquierda, apraxia ideomotriz e ideatoria, agrafia, acalculia, y déficit de razonamiento abstracto-verbal); temporal derecho (desintegración perceptiva); temporal izquierdo (anomia, dificultades de comprensión, acalculia, y disgramatismo); Frontal (baja fluencia, dificultades de cálculo mental, cambios en la conducta social y adinamia); Sistema Límbico (alteraciones de memoria reciente, cambios emocionales y de humor y rasgos psicóticos, como delusiones, paranoia, alucinaciones, etc.)

Presenta alteraciones conductuales, tales como agresión, deambulación, alimentación, incontinencia urinaria, desinhibición social, etc. La evolución de la sintomatología, medida con la prueba Mini Mental State Examen (MMSE), se resume de la siguiente forma:

  • Demencia leve (Puntuación MMSE 26-20): Niega la enfermedad; fracaso social no doméstico; autónomo con vigilancia; desorientación espacial en lugares poco comunes; dificultades de memoria (aprendizaje); anomia en el lenguaje; praxia constructiva; personalidad conservada; tristeza; y examen motor normal.
  • Demencia moderada (Puntuación MMSE 19-10): Fracaso social doméstico; dependencia funcional, supervisión; desorientación temporal y espacial; dificultades de memoria (episódica y semántica); afasia fluida en el lenguaje; Praxia constructiva, en el vestirse, etc.; prosopagnosia; personalidad aparentemente deteriorada; apatía; ilusiones y alucinaciones; se aprecian signos de rigidez y parkinsonianos en el examen motor.
  • Demencia grave (Puntuación MMSE 10-0): Supervisión total y continua; desorientación temporal y espacial; sólo recuerda nombres de familiares; lenguaje monosilábico (mutismo); deterioro grave de praxias y gnosias; alteraciones psiquiátricas y conductuales graves y frecuentes; rigidez y ataxia (encamado) en el examen motor.

Interesante artículo de Infocop Online con alarmantes estadísticas.

INTERVENCIONES EFICACES EN LAS FASES TEMPRANAS DE LA DEMENCIA Fecha de publicación 21/09/2011

Tres de cada cuatro pacientes con demencia no son detectados en los servicios de Atención Primaria, lo que supone que más de 27 millones de personas que presentan una demencia hoy en día no están recibiendo tratamiento. Así lo advierte el Informe Mundial de Alzheimer 2011, que la Asociación Enfermedad de Alzheimer Internacional (Alzheimer’s Disease International:ADI) publica todos los años, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Alzheimer.

En esta ocasión, el informe se ha centrado especialmente en dar a conocer las intervenciones eficaces para las primeras fases de la demencia, ya que, según señalan, existe la creencia errónea de que no se puede hacer nada ante la aparición de esta patología y se da la circunstancia, además, de que en muchos casos estos síntomas tempranos se confunden con los del envejecimiento normal, por lo que un gran porcentaje de afectados de demencia jamás llega a ser diagnosticado ni a recibir el tratamiento que se merece.

El informe, titulado Los beneficios del diagnóstico e intervención temprana (The benefits of early diagnosis and intervention), realiza una revisión exhaustiva de los tratamientos más eficaces, avalados científicamente, para el abordaje de la demencia en sus primeras fases (tanto farmacológicos como psicosociales) y anima a los gobiernos a que incorporen esta estrategia de actuación temprana en sus políticas sanitarias, en concordancia con las recomendaciones del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (National Institute for Health and Clinical Excellence, NICE). Una estrategia, según se indica en el informe, que permitiría ahorrar alrededor de 10.000 dólares por cada paciente (unos 7.000 euros), así como mejorar la calidad de vida de los afectados y sus cuidadores y evitar la institucionalización de estos enfermos.

En lo que respecta a las intervenciones psicológicas, los expertos señalan que:

Los programas de estimulación cognitiva pueden mejorar las funciones cognitivas en personas con Alzheimer en fase leve o moderada, por lo que este tipo de intervenciones deberían ofertarse de manera rutinaria a todos los pacientes. Estos programas, además, han mostrado su eficacia en los diferentes tipos de demencia.

Las personas que se encuentran en las primeras fases de demencia pueden beneficiarse de los grupos de apoyo y, en el caso de que presenten depresión, se recomienda la aplicación de tratamiento conductual en sesiones individuales.

La formación y psicoeducación de los cuidadores, así como los programas de entrenamiento y apoyo deberían ofrecerse a todos los familiares en intervalos de tiempo adaptados al aumento de las demandas de cuidado que requiere el familiar con demencia. Se ha comprobado que este tipo de intervenciones producen mejoras en el estado de ánimo y bienestar psicológico del cuidador principal y retrasan la institucionalización de los enfermos.

Tal y como ha señalado Martin Prince, profesor del King’s College de Londres e investigador principal del estudio, este informe deja patente que “todos los países necesitan una estrategia nacional sobre demencia que asegure el diagnóstico temprano y el cuidado a largo plazo”, garantizando que todos los afectados tengan acceso a tratamientos eficaces para las fases tempranas de la demencia.

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