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Insomnio

“¿Qué es el insomnio? La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta. Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar cuando los otros duermen, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa”.

Jorge Luis Borges “Dos formas de insomnio”

El sueño es un estado del organismo, regular, recurrente y fácilmente reversible, que se caracteriza por una relativa tranquilidad y por un gran aumento del umbral o de la respuesta a los estímulos externos en relación con el estado de vigilia. El sueño es un estado biológico y conductual. Ciertas características electroencefalográficas (EEG) y poligráficas forman parte de la definición del sueño en razón de su asociación regular y constante con el sueño. El sueño es cíclico, con cuatro o cinco períodos D (o períodos REM) durante la noche, y el tiempo total que ocupan estos períodos es aproximadamente una hora y media, un poco más del 20% del tiempo de sueño total. El primer período D ocurre entre los 70 y 120 minutos posteriores al comienzo del sueño; el intervalo puede ser más largo en algunas personas normales, pero es significativamente más breve en algunas condiciones clínicas y experimentales anormales. Al abordar los trastornos del sueño hay que considerar tres síntomas básicos: la dificultad para iniciar o mantener el sueño: el insomnio; sueño excesivo y excesiva somnolencia durante el día: la hipersomnolencia; y las alteraciones episódicas del sueño. El insomnio es el más común de todos los trastornos del sueño. Basándose en los estudios epidemiológicos más citados, el insomnio afecta a un tercio de la población adulta, incluyendo entre un 9 y 12% de casos crónicos. Este trastorno es una queja heterogénea que normalmente refleja una deficiente duración, calidad, eficiencia o capacidad reparadora del sueño. Varía bastante en términos de frecuencia, gravedad, duración y secuelas diurnas. Cuando se combinan los criterios de la International Classification of Sleep Disorders (American Sleep Disorders Association, 1994) con los del DSM-IV (APA), y los que se utilizan normalmente en la investigación clínica, el trastorno de insomnio (o síndrome de insomnio) puede definirse: – Dificultad para iniciar o mantener el sueño, con una eficiencia de sueño menor del 85%. – Los problemas de sueño ocurren al menos tres noches por semana. – La perturbación de sueño causa deterioro diurno significativo. Los tipos de insomnio, de acuerdo a su duración pueden ser transitorios cuando su duración es de un mes o menos, subagudo cuando se prolonga más de un mes pero menos de seis, y crónico cuando su duración es superior a seis meses. De acuerdo a su severidad, se clasifican en insomnio leve o ligero, en el que se aprecia un mínimo deterioro de la calidad de vida; el moderado, que se da habitualmente, cada noche y en el que se empiezan a ver signos del deterioro de la calidad de vida con síntomas como ansiedad, irritabilidad y fatiga, y por último, el severo o grave, en el que los síntomas se sufren con mayor intensidad afectándose significativamente la calidad de vida. Teniendo en cuenta los horarios de aparición del insomnio aparece una tercera tipología. El insomnio inicial o de conciliación con leves o graves dificultades para conciliar el sueño al acostarse, el intermedio o de mantenimiento del sueño, que se presenta en los casos en que la persona se despierta varias veces durante la noche y el terminal o de final de sueño o de despertar precoz, denominado también por los expertos como insomnio matinal en el que la persona despierta poco o mucho antes de la hora que tenía planeada hacerlo. Los estudios sugieren que el riesgo de desarrollar insomnio se incrementa con la edad, y es mayor en mujeres, desempleados, separados y viudos, así como en personas que viven solas. También es más prevalente en personas con sintomatología psicopatológica, particularmente trastornos depresivos y de ansiedad. Se consideran factores de riesgo: una historia personal y familiar de insomnio y eventos vitales estresantes. El insomnio puede comenzar en cualquier momento del ciclo vital, pero el comienzo del primer episodio es más común a principios de la vida adulta. Debe distinguirse de los cambios normales en los patrones de sueño relacionados con la edad y de las perturbaciones debidas a problemas médicos o medicamentosos. Según una conceptualización cognitivo-conductual del insomnio, las condiciones más importantes, que mantienen el insomnio a lo largo del tiempo son los hábitos de sueño desadaptativos y las cogniciones disfuncionales que la persona desarrolla en respuesta a la perturbación de sueño. La fatiga es una de las quejas más comunes de los pacientes con insomnio, además informan frecuentemente de dificultades diurnas como pobre concentración y memoria, dificultades para realizar tareas simples y somnolencia. Hay evidencias que sugieren que la perturbación del sueño se asocia con una disminución de la calidad de vida y afecta negativamente a la salud. Las perturbaciones psicológicas como la depresión, la ansiedad y la irritabilidad son otras consecuencias potenciales de este trastorno. Algunos de los instrumentos más comúnmente usados para la evaluación del insomnio son: – Insomnia Interview Schedule (IIS) – Sueño diario – Insomnia Severity Index (ISI) – Dysfunctional Beliefs and Attitudes about Sleep Scale (DBAS) – Polisomnografía (PSG) Existen numerosos recursos populares útiles para contrarestar el insomnio. Las ya conocidas prácticas de “contar ovejitas saltando la verja” que se basa en desplazar la idea repetitiva de intentar conciliar el sueño que se impone en el insomne. Algunas personas utilizan el mecanismo de “poner la mente en blanco”, algo así como “pensar en nada”. Otra usual recomendación es beber infusiones de hierbas medicinales puede constituir una suave ayuda por su efecto sedante o el vaso de leche tibia con un doble mecanismo; poseer el componente de la proteína láctea, el aminoácido L-triptófano, que actúa como un inductor del sueño y por el efecto placebo del recuerdo infantil de la lactancia materna. Dentro de los tratamientos más usados para el insomnio en la práctica clínica se encuentra la farmacoterapia. Los medicamentos hipnóticos, particularmente las benzodiacepinas, son de lejos, el tratamiento más utilizado para el insomnio. Más recientemente, se han etiquetado hipnóticos no benzodiacepínicos. Algunos medicamentos antidepresivos pueden también ser de utilidad en el tratamiento del insomnio en los pacientes con depresión. Asimismo las terapias psicológicas tienen probada aficacia, mediante el control de estímulos, la restricción de sueño y los tratamientos multimodales generalmente se han mostrado como las intervenciones psicológicas más efectivas. La educación en higiene del sueño produce solamente ganancias modestas cuando se usa sola, pero puede ser útil como parte de un tratamiento multicomponente. Otras estrategias comúnmente utilizadas incluyen relajación y terapia cognitiva. Varios principios generales pueden guiar a los profesionales al seleccionar las estrategias de tratamiento óptimas. Estas directrices son funciones de varios factores incluyendo la naturaleza que puede ser primaria o secundaria, la duración que van de agudo a crónico y curso del insomnio, la presencia de condiciones comórbidas médicas o psicológicas, uso anterior de medicación hipnótica y la preferencia de tratamiento del paciente. Existen ciertas recomendaciones generales para evitar este trastorno: – Evitar el consumo excesivo del café, alcohol o las bebidas con cafeína cerca de las horas del sueño. – Evitar las siestas. – Acostarse a la misma hora todas las noches. – Eliminar las comidas copiosas o “pesadas” durante la cena. – Evitar la práctica de ejercicios físicos al menos 4 horas antes de irse a dormir, optar por la actividad aeróbica en horario matutino, está demostrado que la marcha, el ciclismo y la natación traen consigo un mejor dormir . – Evitar discusiones a la hora de ir a dormir. – Usar una cama cómoda, en un ambiente silencioso y con buen clima. – Evitar los ruidos y la entrada de luz en las horas de la madrugada. – No empecinarse en que “hay que dormirse sí o sí”. – Tomar un baño caliente, de preferencia de inmersión.

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Agorafobia Parte 3

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