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Ser optimistas.

 

El optimismo es considerado como una característica de la especie humana seleccionada por la evolución debido a sus ventajas para la supervivencia. Cualidad que alude a la disposición del individuo motivado por expectativas positivas y objetivos de futuro.

A partir de la constatación por los profesionales del papel del pesimismo en la aparición de la depresión han sido muchos los estudios que muestran que el optimismo tiene valor predictivo sobre la salud y el bienestar, además de actuar como modulador sobre los eventos estresantes, paliando el sufrimiento y el malestar de aquellos que sufren, tienen estrés o enfermedades graves (Peterson, Seligman y Vaillant, 1988), asimismo puede ser un agente potenciador de bienestar y salud en las personas, que sin  presentar trastornos, quieren mejorar su calidad  de vida.

El sentido común nos dice que es positivo mirar al futuro con optimismo y numerosos trabajos empíricos apoyan esta idea. Asimismo, estudios con población general muestran una clara tendencia del las personas a sobreestimar el grado de control que tienen sobre las situaciones (Langer, 1975). Esta ilusión de control, junto con otros mecanismos, contribuyen a explicar por qué unas personas no se deprimen y otras sí.

¿Deprimido o triste?

depresTodas las personas en algún momento de la vida atraviesan períodos de tristeza, de soledad o de angustia. Pero cuando estos sentimientos duran semanas o incluso meses, impiden adoptar una visión sana de la realidad o evitan un reequilibrio psicológico, es posible que se trate de una depresión. La depresión es probablemente el trastorno psicológico más frecuente en la clínica actual. Se estima que su prevalencia en la población general es del 9-20 por 100. Es dos veces más probable en las mujeres y el pico de edad de comienzo está entre 20 y 40 años. Como nota curiosa se presentan niveles más altos entre las personas separadas y divorciadas, en los hombres casados las tasas son más bajas que en los solteros y en las mujeres casadas son más altas que en las solteras. Patología definida en el DSM-IV como alteración del estado de ánimo con descenso del humor que termina en tristeza. Se manifiesta por un conjunto de síntomas afectivos, motivacionales, cognitivos, físicos e interpersonales. Los síntomas afectivos se traducen en tristeza, embotamiento emocional, abatimiento, desesperanza, irritabilidad y hostilidad. Síntomas motivacionales como pérdida de interés, apatía, y falta de energía, retardo psicomotor (estupor depresivo) y agitación psicomotora. Síntomas cognitivos relacionados con alteraciones de procesos básicos, visión negativa de sí mismo, del entorno y del futuro, ideación suicida. Síntomas fisiológicos como alteración de sueño, disminución de actividades sexuales, fatiga y molestias. Y síntomas interpersonales como el aislamiento social. Es importante no confundir un trastorno depresivo con un estado transitorio de tristeza provocado por algún acontecimiento estresante como la muerte de un ser querido, pérdida de objetivos profesionales, desempleo, divorcio, etc. Situaciones en las que la tristeza puede considerarse como una reacción normal, sin embargo, si dicho estado se prolonga en el tiempo o sus síntomas se agravan, impidiendo el desarrollo adecuado de la vida cotidiana, puede llegar a convertirse en un trastorno depresivo. Existe una idea falsa, pero muy extendida a nivel popular, de que un trastorno como la depresión no es una enfermedad sino un defecto de carácter que puede ser superado con esfuerzo. En una encuesta realizada en la década de los 90 entre la población general reveló que el 71% de los encuestados pensaban que las enfermedades mentales eran debidas a debilidad emocional; el 65%, que eran causadas por una mala educación recibida por los padres; el 45%, que eran culpa de los que las padecían y que podrían vencerse con fuerza de voluntad; el 43%, que la enfermedad mental era incurable; el 35%, que era consecuencia de una conducta pecaminosa, y solo un 10% consideraban que tenían bases biológicas o que el cerebro estaba implicado. (-1-) Debido a esta estigmatización de la enfermedad y a la información errónea es que, en la mayoría de los casos, familiares y amigos intentando ayudar, recomienden tener “fuerza de voluntad” y “pensamientos positivos”, cosa que empeora el estado del paciente depresivo. Y es que no se trata de una condición de la cual el paciente puede liberarse por voluntad propia. No “pueden” animarse, que dista mucho de que no “quieran”.

Depression -Youngheui Lee Lim -Korea-2005

“Depression” Autor: Youngheui Lee Lim Año: 2005

La depresión puede ser diagnosticada de maneras diversas. Como un Trastorno depresivo mayor, episodio único que se manifiesta por una combinación de síntomas que interfieren en la capacidad para trabajar, estudiar, dormir, comer, etc. Es decir, es un tipo de depresión incapacitante que altera la vida del paciente. La consecuencia más grave de un episodio depresivo mayor es la tentativa de suicidio o el suicidio consumado. Específicamente en España se producen 35.000 tentativas de suicidio al año. El riesgo es especialmente alto para los sujetos con síntomas psicóticos, historia de tentativas de suicidio previas, historia familiar de suicidio consumado o consumo concomitante de sustancias. Los episodios depresivos mayores a veces van precedidos de estrés psicosocial o sucesos precipitantes, la muerte de un ser querido, la separación matrimonial, la pérdida de empleo, pueden ser alguno de ellos. El parto también puede generar un episodio depresivo mayor, sobre todo en sus 6 meses posteriores. En una etapa previa al comienzo del trastorno suele haber un período prodrómico con síntomas ansiosos y síntomas depresivos leves, que puede durar semanas o meses. La duración de un episodio depresivo mayor también es variable, lo habitual es que un episodio no tratado dure 6 meses o más, independientemente de la edad de inicio. En los niños puede presentarse una ansiedad por separación. El Trastorno depresivo mayor recidivante con presencia de dos o más episodios depresivos mayores que suceden de manera separada. Para ser considerados episodios separados tiene que haber un intervalo de al menos 2 meses seguidos en los que no se cumplan los criterios para un episodio depresivo mayor. El Trastorno distímico se caracteriza por un estado de ánimo crónicamente depresivo durante al menos 2 años. También conocida como depresión crónica, afecta a un porcentaje pequeño de la población, entre un 3 y un 6%. En este trastorno se presentan la mayoría de los síntomas que aparecen en la depresión mayor, aunque suelen ser menos intensos y se prolongan más en el tiempo (mínimo dos años). Los pacientes con distimia pueden llevar una vida normal pero tienen dificultad para disfrutar de ella, sintiéndose permanentemente deprimidos. No muestran cambios aparentes en la conducta o comportamiento diario, aunque tienen menos energía, una negatividad general, y un sentido de insatisfacción y desesperanza. Es un trastorno de los más frecuentes, con un aumento considerable de su prevalencia, aumentando en niños y adolescentes. Asociado a una alta mortalidad y presenta una alta recurrencia, con un 50% de probabilidades de repetirlo después de un primer episodio. Son muchos los factores que intervienen en la aparición de la depresión. Apuntan hacia las posibles causas, la delicada química del cerebro y ciertas anormalidades en la liberación de algunos neurotransmisores importantes como la Serotonina y la Acetilcolina. Un estudio de Faraj, B. A., Olkowski, L. y Jackson, R. T. en 1994 concluye que en el trastorno depresivo mayor se reducen el número de transportadores de serotonina en linfocitos de sangre periférica de pacientes deprimidos. Esto parece indicar una fuerte relación entre la serotonina y el sistema inmune en esta psicopatología. Asimismo, el desequilibrio de Catecolaminas como la Dopamina, la Noradrenalina y la Adrenalina parecen intervenir en este sentido. Hace unos años, investigadores de la Universidad de Texas identificaron células nerviosas específicas que liberan serotonina, las moléculas denominadas transportadoras de serotonina o SERT, pueden devolver también dicha sustancia química al interior de las células, impidiendo la expansión normal de serotonina en el cerebro que ha sido asociada a la depresión. Otro de los factores que pueden originar la depresión son las alteraciones en el funcionamiento de las glándulas del hipotálamo e hipófisis y las glándulas suprarrenales. La función sincronizada de estas glándulas produce cortisol que es considerada la hormona del estrés y puede ocasionar depresión si los niveles se elevan o bajan demasiado del promedio. Trastornos de la función de la glándula tiroides como el hipotiroidismo también se han relacionado con los trastornos del estado de ánimo. Los niveles anormales de determinadas hormonas del estrés y del crecimiento, así como las hormonas femeninas, los estrógenos y la progesterona pueden desempeñar un papel fundamental en el desencadenamiento de la depresión. Desde el punto de vista genético se plantea la posibilidad de heredar una predisposición biológica, ya que algunos tipos de depresión tienden a afectar a miembros de la misma familia, como es el caso del trastorno bipolar; sin embargo, no todos los que tienen esta predisposición para el trastorno bipolar lo padecen. Otros elementos que contribuyen a la aparición de la enfermedad son las tensiones en la vida, problemas de familia, trabajo o estudio. En algunas familias la depresión severa se presenta generación tras generación. Sin embargo, la depresión severa también puede afectar a personas que no tienen una historia familiar de depresión. Independientemente de si es hereditario o no, lo cierto es que el trastorno depresivo severo está a menudo asociado con cambios en las estructuras o funciones cerebrales como la disminución del metabolismo del área prefrontal izquierda del cerebro. Se plantea que cuatro de cada diez casos de depresión son hereditarios.

tristico

Las factores psicosociales sostienen que la depresión puede ser consecuencia o respuesta a determinadas situaciones traumáticas o ante situaciones de fuerte estrés. Obviamente, también influyen ciertos patrones de comportamiento como la inseguridad en el carácter, la baja autoestima y la ansiedad. Estos patrones de comportamiento suelen originarse en la infancia, bien por un conflictos situacionales o por un ambiente familiar inadecuado en el que el sujeto ha sido privado de afecto, sobreprotegido o ha tenido que vivir circunstancias traumáticas. Dentro de las dolencias médicas más depresógenas están el trastorno renal avanzado, el posinfarto de miocardio, el cáncer y el SIDA. Los enfermos que las padecen son afectados por la depresión en una proporción entre el 20 y el 50 por ciento. Los trastornos orgánicos cerebrales generalmente se acompañan de depresión, como es el caso de la enfermedad de Parkinson y de los traumatismos craneoencefálicos. Es rara la existencia de una droga que no determine un estado depresivo con cierta frecuencia. El alcohol y las drogas son las sustancias responsables de la mayor parte de las depresiones adictivas.

(-1-) Datos extraídos del libro “Psicofarmacología esencial. Bases neurocientíficas y aplicaciones clínicas” de Stephen M. Stahl. Editorial Ariel Neurociencias.

Sonríe… ¿de que te sirve llorar?

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El proceso de duelo

”Cuando un amigo se va, se queda un árbol caído que ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido” Alberto Cortez

Alberto Cortez nos regala esta imagen tan realista de lo devastador que puede ser la pérdida de un ser querido, y es que el duelo psicológico se considera un acontecimiento vital estresante de primera magnitud por el que todos los seres humanos han de pasar en algún momento de su vida. Reacción adaptativa normal ante la pérdida, real y definitiva de un objeto o ser querido que se asocia generalmente con la muerte, pero se puede dar un duelo sin muerte y es el caso de las rupturas de vínculos afectivos, pérdida de empleo o de cualquier objetivo profesional o personal importante, diagnóstico de una enfermedad grave o invalidante, entre otros. Su intensidad y duración serán proporcionales a la dimensión y significado de la pérdida. Durante la elaboración del duelo, además de experimentar gran pena y dolor, es normal que el doliente sienta miedo, ira, culpabilidad, desesperanza, resentimiento, apatía, soledad, añoranza y desinterés, además de una importante disfunción a nivel social y laboral. Lindenmann, Brown y Schulz describen tres fases que se suceden durante el duelo. La fase inicial o de evitación aparece con una reacción normal y terapéutica que surge como defensa y perdura hasta que la persona consiga asimilar gradualmente el golpe. El shock y la incredulidad son frecuentes en esta etapa, incluso la negación que dura horas, semanas o meses, asimismo sentimientos arrolladores de tristeza que se expresan con llanto frecuente. El proceso de duelo comienza en el momento de ver el cuerpo del fallecido y lo que oficializa la realidad de la muerte es el entierro o funeral, que cumple varias funciones, entre ellas la de separar al muerto de los vivos. Posteriormente aparece la fase aguda de duelo que se prolonga a lo largo de varias semanas o meses y se inicia con sintomatología depresiva inhibida, seguida de episodios de protesta-irritación y aislamiento. El dolor por la separación, el desinterés por el mundo, la preocupación por la imagen del muerto, incluso las seudo-alucinaciones y la rabia emergen suscitando angustia. Las actividades del doliente pierden significado en esta fase y aparece la depresión. Y por último, la fase de resolución del duelo donde se da una gradual reconexión con la vida diaria. Los recuerdos de la persona desaparecida traen sentimientos cariñosos, mezclados con tristeza, en lugar del dolor agudo y la nostalgia. Generalmente se produce al cabo de seis meses o un año y durante la misma se retorna al nivel de funcionamiento previo, siendo capaz el doliente de establecer nuevos lazos afectivos. Frecuentemente esta etapa coincide, con el primer aniversario de la pérdida produciéndose en este período una intensificación emocional en la línea de la nostalgia, tristeza, llanto, recuerdo doloroso, etc., que duran unos días y que finalmente marcan el final del duelo. La naturaleza del vínculo de relación con el fallecido, el tipo de muerte, la personalidad y antecedentes personales del doliente y las características del entorno son factores que influyen en el curso de la reacción de duelo. En cuanto a la tipología del duelo, muchos autores coinciden en agruparlos en tres grupos. Cuando ocurre una negación a la realidad de la pérdida, donde hay una evitación del trabajo de duelo y un bloqueo emocional-cognitivo que se manifiesta a través de conductas, percepciones ilusorias, síntomas somáticos o mentales o relacionales, estamos ante lo que se denomina un duelo bloqueado. Si los síntomas o conductas de riesgo son sostenidas en el tiempo y de intensidad riesgosas para la salud dentro de un contexto de pérdida se trata de un duelo complicado. Y el duelo se considera patológico si la persistencia o intensidad de los síntomas ha llevado a alguno o varios de los miembros de la familia a detener la vida laboral, social, académica, orgánica. Durante la intervención terapéutica es importante facilitar el que el doliente hable sobre el fallecido y las circunstancias de su muerte, propiciar la expresión emocional, siendo frecuente además de las vivencias de tristeza, pesar o desesperación, los sentimientos de hostilidad hacia el fallecido y la cólera hacia el médico o el hospital donde se produjo la muerte del ser querido, explicarle que los síntomas que padece como: ansiedad, sentimientos de culpa, preocupación por la imagen del difunto, son reacciones normales y que desaparecerán con el paso del tiempo, recomendar la compañía de familiares y amigos y facilitar la realización de las tareas domésticas durante el período inicial, así como el retorno a sus actividades habituales en un plazo de 3 a 6 semanas y estimularle a decir “adiós” al fallecido para facilitar el reajuste del doliente a su nueva situación. Estudios clásicos sobre el duelo: Freud (1917) , Lindenmann (1944) , Marris (1954) , Clayton (1968), Parques (1970), Yamamoto (1970), Kendell (1970) , Levy (1976), Zisook (1985).

La viuda y el mar de duelo, Marcello Ferrada-Noli

La viuda y el mar de duelo, Marcello Ferrada-Noli

Cuando la tristeza se instala…

Todas las personas nos sentimos tristes en algun momento. Suele durar horas, o tal vez días, aún cuando sintamos que durará eternamente. Pero en ocasiones ese dolor parece interminable, la tristeza no se quiere marchar…

Cuando nos sentimos así es fácil que el mundo nos parezca gris e inhóspito, y no hay meta o propósito personal que nos ilusione. El pesimismo nos doblega y el dolor interior nos convierte en personas solitarias. Cada individuo experimenta esta emoción de forma particular, dependiendo de las experiencias anteriores, del aprendizaje, del carácter y de la situación concreta que la genera. La pérdida de un ser querido, las separaciones, la frustación ante los objetivos no alcanzados suelen ser algunas de las cáusas más comunes. Cuando este estado se prolonga en el tiempo y empiezan a aparecer otros síntomas como alteraciones del sueño y del apetito, enlentecimiento de la actividad, fatiga crónica, sentimientos de inutilidad e incapacidad, dificultades para la concentración, incluso, pensamientos suicidas ya podríamos estar ante una depresión. Una persona deprimida experimenta una de las codiciones más duras de malestar psicológico del ser humano. Tristeza intensa, inactividad, pesimismo, insatisfacción, son varias de las razones que hacen que la persona en esta situación, se sienta muy desvalida y sin salida. En este momento sería saludable plantearse acudir a un terapeuta que permita afrontar las dificultades personales y aprender a evitar estos estados depresivos en el futuro. Si no se lleva a cabo este tipo de intervención, la depresión puede aliviarse al paso del tiempo, sin embargo, es muy probable que pueda manifestarse y agravarse en otro momento de la vida.

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Agorafobia Parte 1

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